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Francisco Tobías
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10 Abril 2018 04:00:00
Emiliano Zapata: emblema de Justicia Social
La mañana del 11 de abril de 1919, el “Atila del Sur” había muerto. Los principales diarios de la capital de ese entonces daban esa noticia. Emiliano Zapata, líder de la Revolución, había muerto en Morelos. Con base en estrategias militares del Gobierno mexicano se acorralaba al ejército zapatista, obligándolo a recluirse en las montañas y que disminuyera su poder de combate. El ímpetu comenzó a minar y muchos jefes del ejército de Zapata comenzaban a ceder y a entregarse.

Triste y contundente fue la carta Verdades Amargas que Zapata le dirigía al Presidente Carranza. En ella –a juicio de Zapata–, explicaba cómo las acciones y promesas de la revolución no se habían cumplido; para él, la situación económica era deplorable, los sindicatos eran corruptos y no se hacía nada por la naciente clase obrera y lo que más le ahondaba en el alma, los pueblos habían sido burlados en sus esperanzas: Por ello, concluía en esa misiva que Carranza debía renunciar y que le devolviera libertad al pueblo, conformando un gobierno de unificación revolucionaria. Muchos historiadores afirman que esa carta hizo enfurecer al presidente Carranza y que fue el detonante para que ordenara al general Pablo González la empresa militar de acabar con el “Atila del Sur”.

El día en que murió Emiliano Zapata los sectores conservadores del país celebraron, a pesar de los muchos rumores de que había sido sorprendido y matado de manera alevosa. La verdad de las otras opiniones era que Zapata había sido vilmente asesinado, sin honor militar ni escrúpulos.

El día que murió Zapata se reafirmaron en el fondo de la tierra mexicana los ideales de justicia social, ese día, a Zapata se le exhibió vestido con un traje de charro de paño gris perla, como el que acostumbraban a usar los rurales. Durante varios días se expuso el cadáver y largas caravanas de todas partes de México iban a rendirle respeto.

El día que fue llevado a la comisaría se dio fe de que ese cuerpo era el de Emiliano Zapata, originario del pueblo de Anenecuilco, municipalidad de Villa de Ayala, Morelos, casado, labrador e hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar. Muchos no creyeron que el cuerpo que se exhibía era el del invencible Zapata; entonces empezaron a correr los rumores de que se trataba de otra persona, que tal vez era otro hombre que tenía el bigote negro igualito al de Emiliano y que él había desaparecido entre la tierra. Para todos aquellos campesinos que durante casi 10 años participaron en la Revolución, su jefe no había muerto, las balas sólo habían marchitado un cuerpo. ¡Zapata vive!
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