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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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09 Diciembre 2018 04:06:00
En busca del verdadero Díaz
El historiador Edmundo O’Gorman afirmaba que no hay ocupación más inútil y estúpida que regañar a los muertos. En eso estaba de acuerdo con Juanita, mujer tlaxcalteca de edad que hace ya muchos años se dedicaba en Saltillo a “lavar ajeno”, como antes se decía. Entre sus clientes se encontraba mi señora madre. Esto me daba oportunidad de entablar largas conversaciones con ella, quien era una enciclopedia acerca de la vida y milagros de muchas familias. Sin embargo, Juanita observaba una regla de oro: jamás hablaba de personas ya fallecidas. Al preguntarle cuál era la razón de esa norma autoimpuesta, explicaba: “Yo no les pego a las calaveras. ¿Pá, qué?, pos al cabo ni moretón les saco”.

O’Gorman y Juanita acudieron a mi memoria la semana anterior, cuando hubo la oportunidad de asistir a la presentación del segundo tomo de la biografía de Porfirio Díaz, La Ambición, de Carlos Tello Díaz. Tataranieto de don Porfirio, él ha escrito dos gruesos volúmenes, y trabaja en un tercero, acerca de la vida de su ancestro. Pero no para reivindicar su figura histórica. Mucho menos para emprender la defensa del personaje, sino simplemente tratar de explicarse y explicarnos las circunstancias y los claroscuros del venerado héroe del 2 de abril y el odiado –por la historia oficial– dictador en que después se convirtió.

A sus 56 años, Carlos Tello Díaz tiene tras de sí una vida de novela. Nacido en Inglaterra y graduado en las universidades de Oxford y de la Sorbona, sus inquietudes intelectuales e ideológicas lo llevaron a estudiar en su propio terreno a la revolución en Nicaragua, a navegar por el Amazonas y a ser puntual observador y cronista del levantamiento zapatista, sobre el cual escribió una crónica histórica ya clásica: La Rebelión de las Cañadas.

Saltó a la fama en 1993 con un libro cuya lectura resulta apasionante, El Exilio. Un Relato de Familia. En él reseña los avatares de Porfirio Díaz después de su renuncia a la Presidencia de la República. Sigue paso a paso la estancia del exdictador en Francia, donde se le rindieron honores oficiales en reconocimiento al humanitarismo con que trató a los vencidos durante la Intervención Francesa.

El segundo volumen de la biografía de su tatarabuelo, al igual que el primero, es un ejemplo de rigor histórico. Fanático de la exactitud de los detalles, no sé cuántas veces se comunicó con Lucas Martínez Sánchez y con quien esto escribe, para afinar las páginas dedicadas al paso de Díaz por Coahuila después de su desastrosa batalla en Nuevo León. Esa derrota que le valió el mote de “El llorón de Icamole”.

Su ponderación se puso a prueba al abordar la rebelión de Veracruz, en 1879, cuando, se dice, Díaz envió al gobernador de ese estado, Luis Mier y Terán, un telegrama cifrado ordenando matarlos en caliente. Si bien esta frase nunca la escribió don Porfirio, señala Tello Díaz, en el mensaje enviado a Mier y Terán sí le ordenó acabar con los alzados en forma inmediata. Ni justificar ni mucho menos soslayar. El historiador se limita a exponer los hechos.

Porfirio Díaz. La Ambición aporta datos desconocidos sobre la lucha del oaxaqueño por alcanzar el poder mediante las dos rebeliones que encabezó. Y, como ya se decía, no se trata de reivindicar o ensalzar al personaje ni sacarlo del infierno al que lo condenó la historia oficial para elevarlo a un altar, sino de comprender motivaciones y acciones de un actor clave en la historia de México.

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