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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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13 Agosto 2016 04:00:23
En defensa de la familia
En días pasados, en el estado de Nuevo México, Estados Unidos, se abordó por primera vez la discusión sobre la posibilidad de castigar o no, e incluso eliminar del catálogo de delitos sexuales el del “Incesto”, el cual penaliza a aquellas personas que mantienen relaciones sexuales con los ascendientes legítimos y los padres naturales reconocidos o judicialmente declarados, con los descendientes legítimos y los hijos naturales reconocidos o judicialmente declarados, y con los hermanos legítimos. Aunque sea practicado con consentimiento mutuo y sean ambos mayores de edad. Las sanciones que impone este delito van desde el castigo severo, sin menospreciar el repudio social. Este mandamiento jurídico busca, Principalmente proteger el pudor público, encarado éste, como una manifestación específica de la moralidad pública y las buenas costumbres.

La polémica se da ante la recién descubierta historia de una madre e hijo, que se dicen enamorados y decididos a enfrentar las consecuencias legales por defender su amor y lograr el “sueño” de casarse entre sí, esto a pesar de su cercano parentesco y de compartir el mismo ADN. Para lograr su objetivo, “la pareja” deberá vencer, en primer término, la medida restrictiva impuesta por la Autoridad del lugar, que les evitará de manera provisional y hasta que se defina su situación jurídica, cualquier contacto entre ellos.

Mónica Mares, de 36 años, y su hijo Caleb Peterson, de 19, al ser descubiertos en relación incestuosa, lejos de negarlo o arrepentirse se declararon líderes de este movimiento que busca legalizar este tipo de relaciones, llamadas clínicamente “Relaciones de atracción sexual genética” (GSA, por sus siglas en inglés), que se refiere a aquellas parejas conformadas por familiares que recién se han conocido de adultos luego de años de separación (en casos como la adopción o abandono prolongado), y sienten una atracción o conexión inevitable hacia la persona con quien tiene lazos consanguíneos, los cuales, según dijeron, no son pocos los casos en el mundo.

El principal argumento, en el cual los protagonistas fundan su defensa, lo es en el derecho de todas las personas a ser feliz y esto implica ser libres y sin ataduras legales, a su consideración la familia, al igual que cualquier institución, es un producto social sujeto a modificaciones y que las relaciones humanas están marcadas por la cultura, por eso, las normas y leyes deben modificarse con el objetivo de adecuarse constantemente a los cambios culturales.

Al conocer los argumentos vertidos por la incestuosa pareja, me es imposible dejar de remitirme a la lucha emprendida por la comunidad gay para legalizar el matrimonio entre personas de igual género y la adopción homosexual, los cuales han logrado avanzar en sus propuestas de manera amenazante, esto a pesar de estar en suspenso el estudio y debate sobre la viabilidad de la imposición de la reforma propuesta por el ejecutivo federal que busca revolucionar la familia tradicional e imponer nuevos modelos de esta.

Es evidente que esta acción se suma y fortalece la amenaza de extinción que acosa día a día a la institución de la familia tradicional, considerada como el núcleo de la sociedad. Por otra parte, el pasado 11 de agosto, el Consejo Mexicano de la Familia (ConFamilia) lanzó ante distintos medios de comunicación una convocatoria a la sociedad civil de todo México, para apoyar la iniciativa ciudadana que busca la modificación a nuestra Constitución, para proteger y promover el matrimonio y la familia natural a través de su página de Facebook. https://www.facebook.com/porlavidaylafamilia.mexico/?fref=ts.

ConFamilia busca que se reforme el Artículo 4 constitucional, para que se integre a la Ley Fundamental la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Tratados Internacionales signados por México, relativos a la protección del matrimonio tradicional y la familia, ¡que sin duda, debemos apoyar!
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