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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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16 Mayo 2016 04:00:44
En defensa de los profesores
Conozco bien a muchos profesores. He convivido con ellos. Es cierto que, como en cualquier otra profesión, unos son mejores que otros y que no faltan los que cometen conductas indeseables, pero que, de alguna forma, reflejan las de la sociedad a la que pertenecen. Pero es innegable que casi todos cumplen, en mayor o menor medida, funciones vitales para el desarrollo de las personas: motivar, enseñar y ayudar a aprender. “Educar” es un concepto muy amplio y complejo que está más del lado de la familia que de los profesores. Mucho puede profundizarse al respecto, pero como éste no es un texto especializado y a lo más que aspira es a ser una modesta reflexión, no lo haré.

En Generación en Marcha, la organización altruista de la que formo parte, he conocido y trabajado con personas de diversas profesiones, pero la mayoría docentes. Por alguna razón, siendo yo abogado, en las actividades de voluntariado, he coincidido más con ellos que con mis colegas. De todos he recibido más de lo que he podido compartir. Es común que durante la planeación de un evento destaquen por sus ideas y entusiasmo, y que, al momento de llevarlo a cabo, lo hagan por su liderazgo, pasión y meticulosidad. Los profesores tienen una especie de chip que los predispone a ser proactivos, creativos, generosos y no cesar en su esfuerzo hasta culminar lo que se hayan propuesto. Ana Calderón y Édgar García son ejemplos de ello, y son mis amigos. Y digo que son mis amigos, a pesar de que pudiera pensarse que por esa razón soy imparcial, porque nuestra amistad surgió y se ha fortalecido a partir de su vocación de servicio. Los dos trabajan en escuelas públicas con infraestructura precaria, a las que asisten menores de escasos recursos económicos. Ese hecho, lejos de molestarles, los inspira. Frecuentemente realizan actividades, gestionan apoyos y destinan parte de sus salarios para que sus alumnos aprendan en un ambiente más digno. Lo hacen, al mismo tiempo que continúan preparándose académicamente.

Coincido en que la reforma educativa llevado a cabo recientemente era necesaria. Pero no con quienes señalan que los responsables de no haber alcanzado ya un nivel más óptimo de educación sean los profesores. La responsabilidad es todos, comenzando por las familias que muchas veces ven a las escuelas como guarderías, pero también de la sociedad en general, del Gobierno, medios de comunicación, empresarios… de todos. A los profesores los ubico en el último eslabón. ¿Por qué? Entre otras razones, porque son los únicos que lidian todos los días con el problema de la insuficiencia de recursos, a pesar de que, obviamente, ellos no lo provocan. Por supuesto que los dirigentes y maestros que cometen actos de corrupción o maltratan a menores deben ser severamente sancionados. Pero generalizar es injusto, como lo es que casi todas las noticias sobre profesores se refieran a casos negativos, omitiendo difundir los de aquellos que diariamente realizan su trabajo con ejemplaridad, enfrentando el reto de guiar a una sociedad en crisis que muchas veces los deja solos.

Sería bueno que, a propósito del Día del Maestro, seamos autocríticos, asumamos a la educación como tarea de todos y les agradezcamos que, a pesar de sus bajos salarios y las condiciones de sus centros de trabajo, se levanten todos los días a brindar una sonrisa a sus alumnos y una esperanza a la sociedad. Gracias profesoras y profesores. Si hubiera elegido otra profesión sería la de ustedes.
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