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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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24 Agosto 2017 04:00:00
En dólares
Una familia con una pequeña producción de nogales se encuentra disfrutando de su día, está orgullosa de lo que ha logrado en años de preparar la tierra, cuidar de cada árbol y, disciplinadamente, alimentarlo con vitaminas durante la madrugada para obtener el mejor resultado. Los años de trabajo se ven reflejados en su nogalera, que está muy próxima a entrar en época de cosecha.

Por la mente del productor pasa un solo pensamiento: “Y ahora… ¿qué voy a hacer con toda esta nuez?”. El mercado mexicano es complicado, si la vende a un supermercado puede que le paguen de tres a seis meses después y a un precio muy bajo, tal vez ni siquiera salgan los costos. En las centrales, el coyotaje le dejaría una utilidad muy baja, y venderla en las calles no es suficiente.

Un buen día llega una persona que representa a una gran compañía y le plantea una oferta difícil de rechazar: “Le pago toda su cosecha de contado en este mismo momento y en dólares”. ¿Quién se resiste a una oportunidad como esta?

A este productor pueden llegar a ofrecerle un millón 200 mil pesos por su pequeña producción. ¿Incluyendo el terreno? ¡No! Sólo por la cosecha de ese año. Ellos llegan con la maquinaria necesaria, un vibrador de troncos que hace caer la nuez y una pizcadora que la recoge sin ningún problema. En el contrato le estipulan dejarle todo en perfecto estado y limpio: un camión llega, pesa y de inmediato le pagan.

La mayor parte de las cosechas de nuestro país se exporta, y naturalmente el precio en el país se infla ante la escasez. En los años 50, el kilo de corazón de nuez se cotizaba en menos de 30 pesos; hoy, en 300 o más y ya no es tan fácil de conseguir, pero de lograrlo, no es la de mayor calidad, pues lo mejor ya se fue: calidad de exportación. ¿Qué nos dejan? El sobrante, aquello que no cumple con el estándar mínimo para exportarse.

Pero pongámonos en el lugar del productor: a él le pagan de inmediato en dólares, obtendrá una buena ganancia para subsistir y seguir creciendo. Por su parte, el comprador no habrá desembolsado una cantidad tan fuerte de dólares, aunque en pesos suene como si lo fuera; él venderá en otros países en dólares y su ganancia será mayor.

Podríamos pensar que esto es una leve recuperación para el campo mexicano y la economía del sector primario, aunque a costa de quedarnos con productos hechos en México de menor calidad, o algo tan absurdo como “hecho en México, empacado en otro país y traído de vuelta para ser vendido a un precio mucho más alto”.

¿Qué haríamos si estuviésemos en el lugar del pequeño productor?
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