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Vicente Bello
Vicente Bello
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23 Junio 2018 04:00:00
En la desesperación total
Cuando en la 57 legislatura (1997-2000) el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, que había tenido toda su vida, desde 1927, muchos supusieron que los días del partido que fundó Plutarco Elías Calles estaban contados. Y más cuando en el 2000, en la 58 Legislatura, también pasaba a perder la mayoría absoluta en el Senado de la República. Y, claro, fue el año en que perdió por primera vez la presidencia de la República.

¿Qué hizo entonces el PRI para recuperar el terreno que había perdido con la merma de curules en el 97, debajo de la mitad más uno? En septiembre de 1997, por primera vez, se convertía en la primera minoría en San Lázaro, con 242 diputados federales.

Aquella vez inauguraba una modalidad que le dio resultados bastante beneficiosos para la causa de los priístas de los intereses económicos que representaba. Conformó alianzas legislativas con distintos grupos parlamentarios.

¿Y cuáles fueron aquellos grupos? El primer grupo con el que hizo alianzas para sumar votos con el fin de conseguir mayorías absolutas y colegiadas, fue el grupo parlamentario del Verde Ecologista. Y por supuesto también con el PAN, con el que ya venía muy amarrado desde 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari no solo asumió como suyo el programa político y económico de Acción Nacional, sino que se alió con los blanquiazules mediante el sellamiento de una alianza ideológica nada menos que con Diego Fernández de Cevallos.

“El Jefe Diego”, comenzaron a apodar los priístas a Fernández de Cevallos, en alusión irónica a lo que veían en Los Pinos: Un panista con influencias tremendas en la presidencia de Salinas de Gortari, que no parecía tener ninguno de los priístas de aquel entonces.

No faltaban los priístas en aquellos años que sugerían la existencia de un go-gobierno, protagonizado por Salinas y por Fernández de Cevallos. Así se les veía de ayuntados a Carlos Salinas y Diego Fernández, y, por consecuencia, de convergentes al PRI y al PAN.

Una convergencia de intereses que causó verdaderos estragos en la vida de la República: verbigracia: En 1995, en la 56 Legislatura, reformaron PRI y PAN la Constitución para matar a la Conasupo, aquel órgano regulador de precios del campo y gran institución para la justicia social que fue creada por el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Tres años y tres meses atrás, en noviembre de 1991, diputados y senadores del PRI y PAN habían reformado el artículo 130 y el 127:

El 130 para dar reconocimiento jurídico al Clero, mediante la creación de las figuras de las asociaciones religiosas. A partir de ahí México reconoció a El Vaticano como Estado y envió a su embajador y recibió uno. Y con la modificación al 127 se permitió la asociación de ejidatarios con particulares.

Ambas enmiendas provocaron un intenso debate, que aún no concluye.

En 1998, la tríada conformada por PRI, PAN y PVEM, protagonizaron un robo mayúsculo a la población, cuando a ésta le echaron encima la obligación de pagar una deuda de particulares –el grueso de ésta, contraída por los mismos banqueros y empresas de gran calado- convirtiéndola en deuda pública.

El 12 de diciembre de 1998 estos tres partidos aprobaron la creación de la nueva Ley del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), con la que se derogaba el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

De golpe y porrazo, los mexicanos –gracias a esta decisión del PRI, PAN y PVEM- se amanecieron sumando a su deuda pública otros 600 mil millones de pesos. Una deuda que en vez de decrecer, ha crecido exponencialmente. A 20 años del rescate del Fobaproa, los mexicanos ya han pagado más de 2 billones de pesos, cuando se debían 600 mil y pico de millones. Y es hora en que se debe, de aquel rescate, más de un billón y medio de pesos.

Como estas hijeces prohijadas por el PRI y PAN hay muchas otras a lo largo de estas Legislaturas. Una reciente fue la que construyeron el 6 de agosto de 2014 cuando reformaron la reforma energética, con la que abrieron prácticamente una puerta del infierno: Regresaron las compañías petroleras trasnacionales –con otro nombre, claro- que el 18 de marzo de 1938 corrió del país el presidente Lázaro Cárdenas.

O también aquella otra reforma, apenas pergeñada en diciembre pasado, de 2017, cuando entre el PRI, PAN, PVEM, PANAL y ahora su nueva rémora PRD, aprobaron la nueva Ley de Seguridad Interior, con la que esperan reprimir a la población en caso de que al gobierno de Peña Nieto se le ponga color de hormiga el 1 de julio de 2018, en el desenlace de la elección presidencial.

La Ley de Seguridad Interior, desde un principio, fue calificada por la oposición en el Congreso y aun por especialistas del derecho internacional como el instrumento jurídico con que Peña se previene para apuntalar el fraude electoral, que ya intentan con el uso más inmoral del dinero para la compra del voto.

Así se ha prevenido este inescrupuloso y desalmado gobierno priísta y panista encabezado por Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, un factor que no esperaban, y es lo que los tiene en la total desesperación, es el hecho de que Andrés Manuel López Obrador –el candidato que prometió cambiar del raíz al régimen- se les fue por mucha delantera, con más de 25 millones de votos de diferencia, con la que un fraude sería prácticamente imposible. De ahí que, a una semana del sufragio, arrecie tanto la mentira, el engaño pretendido. La infamia.
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