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Juan Latapí
Juan Latapí
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16 Abril 2017 03:10:00
En la guerra y el amor todo se vale
DICEN QUE EN LA GUERRA y el amor todo se vale, pero en la lucha electoral eso no basta, se debe ser cruel, sádico y actuar sin miramientos para conservar o alcanzar el poder; quienes lo ejercen difícilmente lo quieren compartir y mucho menos ceder, y por su parte, quienes lo buscan, hacen hasta lo inimaginable con tal de alcanzarlo. Y es que el poder es canijo.

BASTA VER EL ACTUAL PROCESO electoral para darnos cuenta del nivel político que padecemos en esta lucha por el poder, desde los candidatos de dudosa honorabilidad hasta los de comprobada desfachatez quienes abusan de nuestra desmemoria para lograr su cometido.

EL GOLPETEO -FÍSICO Y VERBAL- están a la orden del día: Ya tenemos un candidato a diputado involucrado en la golpiza de gente de su mismo equipo de campaña; siguen apareciendo bodegas llenas de despensas y materiales de construcción con justificaciones que generan más dudas que certezas; denuncias presentadas ante la FEPADE que sabemos no prosperarán y en todo caso causarán una ridícula llamada de atención; y ni qué decir de los candidatos paleros cuya única misión es atomizar el voto para diluir la oposición al actual régimen. Es el juego de todos contra todos. Y es que el poder es canijo.

TODO ESTO SIN MENCIONAR LA refinada alquimia electoral y el descarado canje de credenciales de elector a cambio de prebendas de todo tipo. Los candidatos -de todos sabores y colores- se nos presentan como grandes altruistas y de benemérita vocación de servicio, que dicen no vivir tranquilos ante las injusticias y carencias de la gente, que dicen también estar permanentemente preocupados por el bienestar, la educación, la seguridad y el empleo de la comunidad. Sin embargo, hasta hace unas cuantas semanas desconocían la ubicación de las colonias que ahora recorren buscando el voto. Todo esto al amparo de complicadas y confusas leyes electorales confeccionadas como traje a la medida para poder conservar el poder sin compartirlo y para ello se inventan partidos patito y candidatos plurinominales. Y es que la adicción al poder es canija.

Y EN ESTA LUCHA POR conservar o alcanzar el poder brillan por su protagonismo toda una ristra de promesas que difícilmente se podrán cumplir; y muchas veces ni a ideas llegan, son sólo es un desfile de ocurrencias, con eslóganes huecos y confusos, que nadan dicen, que pueden ser cualquier cosa menos un compromiso. Y es que prometer no empobrece.

DÓNDE QUEDARON LAS PROMESAS DE hace seis años, aquellas de “papelito habla”. Qué pasó con la promesa de dar continuidad a los programas sociales de Moreira I. En materia de salud qué pasó con las promesas para construir centros especializados para atender el cáncer y la diabetes; y la operación de cataratas; y la promoción de una alimentación más sana y una vida activa para todos; y la atención de la salud bucal a través de programas restaurativos y de rehabilitación.

QUÉ PASÓ CON LAS PROMESAS de las clases de inglés de calidad; y de los programas de educación inicial para niños y niñas de 40 días a 4 años; y las escuelas deportivas; y el fomento a la lectura; y la promesa de ofrecer clases de civismo y valores para proteger a nuestros hijos de la mala influencia que viene del exterior.

EN EL TEMA DEL EMPLEO, dónde quedaron los programas de autoempleo para jóvenes, mujeres a cargo del hogar y personas de la tercera edad; y las incubadoras de empresas para que los jóvenes constituyeran la suya y le dieran trabajo a otros coahuilenses; y la construcción de parques industriales en todo el Estado; y el turismo cultural y recreativo.

DÓNDE QUEDARON LAS PROMESAS DE los uniformes, útiles y zapatos escolares para niños y jóvenes; y las mejoras al programa de las Farmacias de la Gente; y el servicio de laboratorios clínicos a bajo costo; y el programa de tarjetas telefónicas; y el Banco de la Mujer; y el mejoramiento del programa de la Tarjeta del Hogar, y la Tarjeta de Salud, y la Tarjeta Más Mejor.

SÍ, EL PODER ES CANIJO y su adicción aún peor, y para alcanzarlo y conservarlo todo se vale, sobre todo con promesas que cuando no son un vil engaño no pasan de ser buenas intenciones que suelen pavimentar el camino hacia más de lo mismo; prometer no empobrece. Es ese poder el que permite amasar fortunas, es sólo la lucha por el dinero por sobre todas las cosas, sólo eso, y peor aún, todo con la complacencia de nuestra indiferencia y apatía. Por eso es que tenemos el gobierno que nos merecemos, nada más.

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