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Denise Maerker
Denise Maerker
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08 Agosto 2011 04:05:03
En política nada es imposible
Eso me respondió Carlos Navarrete cuando le comenté, lo que todo el mundo sabe, que en el Distrito Federal quienes parecen tener posibilidades de ser candidatos del PRD a la jefatura de Gobierno son los cercanos a López Obrador o, a lo mucho, quienes no sean vetados por López Obrador y sus simpatizantes. Y Navarrete no es ni cercano a López Obrador ni un posible candidato de compromiso en el que pudieran coincidir Ebrard y Andrés Manuel. ¿Entonces? ¿Cómo explicar el dinero que está invirtiendo en hacerse publicidad? ¿Cómo entender la energía que despliega para colocarse como precandidato? ¿La enjundia que derrocha en sus discursos y actos? La respuesta podría parecer una tomadura de pelo, pero no lo es. Sin duda, detrás de Navarrete, y de otros aspirantes a la candidatura del PRD a la jefatura de Gobierno como de los que pretenden ser candidatos a la Presidencia, hay esa convicción de que en política nada es imposible.

Porque, visto fríamente, con objetividad, muchos de los que se mencionan no parecen tener ninguna posibilidad, no obstante se apuntan y juegan el desgastante juego de los destapes, las frases sibilinas y los actos que son para una cosa y en realidad son para otra. Desde luego hay razones estratégicas detrás de muchas de estas aspiraciones; algunos saben que no van a ser candidatos pero simulan creer y querer y derrochan convicción porque buscan ser tomados en cuenta por quien gane para más adelante. Sin embargo, no es tan sencillo. Cualquiera podría imaginar que Manlio Fabio Beltrones está en esa situación y que lo único que está esperando es el momento adecuado para vender caro su apoyo a Peña Nieto y asegurarse un lugar destacado en su gobierno en caso de que gane la Presidencia en el 2012. Los datos son contundentes, en cualquier encuesta Peña Nieto le saca una ventaja apabullante, no parecería haber espacio para la ambigüedad y, sin embargo, es evidente que a Beltrones le zumba permanentemente en los oídos la frase de que “en política nada es imposible”. Se le nota en la energía que despliega y en la forma en que aprovecha cualquier resquicio, por mínimo que sea, para figurar y para diferenciarse. Y lo mismo se puede decir de varios de los precandidatos panistas a la Presidencia, Lujambio y Lozano, por ejemplo: nunca han ganado una elección, llevan poco tiempo en el PAN, no tienen una popularidad arrolladora y el Presidente parece que ya optó por otro, sin embargo, ahí están (o estaban). Quizá es cuestión de estrategia y Lozano sólo buscaba ganarse a Cordero declinando por él, pero ¿cómo descartar que a ambos alguien les haya susurrado la tentadora frase acompañada de un “nunca se sabe” e ilustrada con convincentes ejemplos históricos?

Todos saben lo que hace falta para ser candidato de sus partidos: los apoyos que resultan decisivos, las reglas internas y lo que dicen las encuestas, pero a menudo se comportan como si lo ignoraran. Desde luego ha habido grandes sorpresas, pero las recordamos porque son la excepción.

La verdad es que más allá de estrategias y cálculos, en las miradas, en los gestos que despliegan, se adivina sobre todo la fuerza de la ambición. Un poderoso motor que explica lo mismo comportamientos irracionales que grandes hazañas.
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