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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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06 Marzo 2018 04:00:00
En puerta: otra agresión al magisterio
Con sorpresa me entero que el Congreso del Estado de Coahuila piensa revisar –espero que con análisis serio– una propuesta que hizo la XV Legislatura de Quintana Roo, en donde se plantea aplicar pruebas psicométricas y toxicológicas a los maestros de educación básica y media superior.

Esta iniciativa se vio aprobada por el Congreso de Tlaxcala, que envió un oficio a Coahuila pidiéndole adherirse al requisito de constancia oficial de las pruebas sicométrica y toxicológica en las convocatorias de los concursos de oposición para ejercer el magisterio, imagino que en un esfuerzo para que la ley se haga nacional –en función del Artículo 71 de la Constitución, el 135 y no sé cuales mas– y se obligue al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (NEE) a estructurar los instrumentos necesarios para llevar a cabo esta iniciativa.

Como estoy entendiendo tal propuesta, se quiere aplicar a los maestros una batería de instrumentos –tests psicológicos– que identifiquen si el docente es o no apto para estar frente a grupo, en función de la detección de manifestaciones de la estructura psíquica de la persona, una vez que se hayan determinado “los rasgos individuales como autoconfianza, liderazgo, estabilidad emocional, autocontrol, entre otros”, puesto que con estos tests se detectarían “posibles conductas dañinas para los estudiantes”, que “se está volviendo temática reiterante de casos de agresiones sexuales a los estudiantes no sólo de Quintana Roo, sino de las entidades que componen México”, según dice la iniciativa que los diputados de ese estado votaron por unanimidad.

Y esos test se tendrían que aplicar no sólo en el ingreso al Servicio Profesional Docente, sino de forma intermitente a todos los docentes de educación básica y media superior. La intención es que sea política pública nacional.

Es cierto que en la práctica docente se debe garantizar la seguridad de los estudiantes para evitar el abuso sexual y diversas conductas que violenten su integridad física y moral, pero no es con estas medidas, evidentemente restrictivas y violatorias de los derechos humanos, que se va a conseguir la garantía del respeto a la integridad de los alumnos, sino con una supervisión más efectiva de parte de las autoridades y de los padres de familia, con un sistema de denuncia eficiente y no revictimizante y con una actitud de alerta preventiva en todos los centros escolares.

Como en Coahuila, la diputada Gabriela Zapopan Garza Galván declaró que respaldará la propuesta de aplicar exámenes psicométricos y toxicológicos, ella debe tener claro algunas cuestiones: en primer lugar, que para hacer una evaluación objetiva de la estructura de la personalidad en un sujeto, el tiempo mínimo –si se quiere válida y confiable– no es menor a una hora.

Multiplíquelo por los maestros que quiere evaluar y pregúntese si hay en el estado alguna institución que tenga el personal capacitado suficiente para elaborar un diagnóstico correcto de los datos encontrados. Porque no puede señalar a una persona como no apta sólo porque una batería señala tendencias de personalidad.

El diagnóstico debe incluir, además, una entrevista clínica para que el resultado tenga validez. ¿Y tendrá personal suficiente para hacerlo o jugará el juego de las pruebas de control de confianza?

Además, está el problema de la estructura de la batería de pruebas, que se deben escoger con sumo cuidado.

¿Cuáles serán? ¿Los obtendrá del Banco de Instrumentos Básicos? ¿Los tendrá que estandarizar para su aplicación en México y cuánto le costará el uso de derechos? ¿Usará, en lugar de eso, el 16 FP o el MMPI-2-RF, muy confiable pero que consta de 338 ítems que cubren un total de 50 escalas? ¿O tal vez esté pensando en aplicar los que se usan en internet, esos de 3 minutos incluyendo los resultados? Además, para aplicar una batería de evaluación de la personalidad –de cualquiera de sus áreas– es importante contar con la aprobación del sujeto –salvo que sea menor de edad–.

Porque si no es así, violará uno de los derechos humanos más básicos: el derecho a la intimidad. Permítame decirle que con los resultados de esas pruebas se pueden tener argumentos para deshacerse de personas incómodas, convirtiéndose fácilmente en armas políticas eficientes para eliminar enemigos de forma limpia y segura.

Y no puedo evitar pensar qué pasaría si la misma ley se aplicara a las cámaras legislativas, en donde se toman las tribunas, se disfrazan para escarnio de los contrarios, se gritan y también hay abusos sexuales ¿la aprobarían los diputados y senadores sin una discusión cuidadosa y a fondo? Y bueno, cuando veas las barbas de tu vecino cortar…
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