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Federico Muller
Federico Muller
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22 Septiembre 2017 04:00:00
Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016
Hablar de pobreza en México es un tema recurrente y antiguo que se puede mirar desde diferentes perspectivas, aunque las más estudiadas han sido la económica y la social. Sin embargo, hay otras como la antropológica que ayudan a entender mejor la pobreza en países colonizados como lo fue México. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), publicada recientemente por el INEGI, sólo consideró los criterios socioeconómicos basados en las condiciones de mercado actuales para medir las percepciones monetarias y gastos hechos por las familias en 2016.

Además de los ya conocidos por un sector de los mexicanos, como las disparidades regionales que se dan entre el norte y sur del país, los resultados de la ENIGH arrojaron algunas novedades interesantes que se comentarán enseguida. En la operación del muestreo se contó con apoyo tecnológico para el levantamiento de la información en las viviendas seleccionadas, lo que permite una mayor confiabilidad del trabajo realizado por el encuestador y los mecanismos de supervisión y verificación de los datos se hacen más eficientes.

Desde hace tiempo, un grupo de académicos dedicados a la investigación de la pobreza en el país, ha criticado la metodología que utiliza el INEGI para medir el ingreso en los hogares porque lo subestima, esto es, las familias reciben más ingresos de los que reportan al ENIGH, particularmente los hogares más acaudalados del país. Aunque esa falla estructural también aparece, con menos frecuencia por supuesto, en las familias de menores recursos monetarios. Para tratar de corregirla, el INEGI ha utilizado registros administrativos que permiten cruzar la información que aparece en los cuestionarios aplicados en las familias más ricas, con información que se deriva de fuentes alternas, como puede ser el Servicio de Administración Tributaria (SAT): lo que se reporta al fisco, debe ser al menos similar a lo que recoge la ENIGH.

Es casi un secreto a voces que la población con más ingresos siempre trata de minimizarlos por diversos motivos, entre ellos, por seguridad, para eludir al fisco, etcétera. Aunque difícilmente se llegará a conocer la información con exactitud, al menos el INEGI dio el primer paso, que puede ser una aproximación más real sobre los dividendos, utilidades, transferencias, sueldos y salarios, entre otros, que reciben los mexicanos.

La deficiencia metodológica anterior da lugar a otra, o mejor dicho se deriva de ella. Al subestimar los ingresos percibidos de las familias, se oculta la verdadera magnitud de otro de los problemas estructurales del país: la desigualdad en los ingresos. Si la diferencia en los ingresos percibidos entre los más ricos y los más pobres de la sociedad en promedio era de más de 20 veces, aumentaría aún más al tener datos más reales de los ingresos recibidos.

Como conclusión, se puede decir que no somos tan pobres como lo evidencia la ENIGH, y que la inequidad en la distribución del ingreso es todavía más desigual de la que aparece en la encuesta mencionada, que se aplica cada dos años en el país.
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