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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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13 Mayo 2019 04:01:00
Enemigo de sí mismo
Andrés Manuel López Obrador ha conseguido lo que sus detractores más feroces no han logrado y las oposiciones (PRI, PAN y PRD), abismadas en la derrota de 2018, ni siquiera han intentado: debilitar su imagen, minar su credibilidad y poner en duda su capacidad para dirigir el país. Abril ha sido el peor mes del aún incipiente gobierno. Frente a las reacciones por la violencia rampante, el veto a la reforma educativa a través de un memorándum, el enfrentamiento con sectores y medios de comunicación críticos y los nulos resultados en la lucha contra la corrupción, los signos de exasperación del Presidente más votado y popular son cada vez más evidentes.

“La ley es para las mujeres y para los hombres, no los hombres y las mujeres para la ley”, dijo en la conferencia del 18 de abril, a propósito de la reforma escolar. El sermón remite a Marcos 2, 23-28: “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado”. Así replicó Jesús, de acuerdo con el evangelista, a quienes denunciaban a sus discípulos por no respetar la ley (el sábado).

AMLO supedita la Constitución a la justicia, según su interpretación del libro sagrado del cristianismo y de la carta magna. Bajo el mismo criterio, igual puede pasar por encima de todo poder y mandato que se interpongan entre el orden jurídico y su visión del universo. Incluso podría reelegirse (una especie de resurrección sin muerte política previa) como muchos temen, y él niega. El personalismo, la intolerancia y la vena religiosa del Presidente evocan a los ayatolás y a los líderes supremos de los países islámicos cuyos sistemas políticos y legales tienen como código de conducta la sharia.

¿Aspira AMLO a cambiar el Estado laico por uno fundamentalista con mandos civiles? No llegaría tan lejos, pero a veces da esa impresión. Las únicas teocracias en el mundo, organizadas en república o monarquía, son las de Afganistán, Irán, Mauritania, Arabia Saudita, Sudán y Yemen. El Vaticano es el único de los Estados gobernados por una monarquía electiva teocrática absoluta regida según los principios de la fe cristiana. El Papa ejerce el poder supremo, y de él dependen las ramas ejecutiva, legislativa y judicial. A diferencia del resto de las monarquías, el cargo, que actualmente ostenta el argentino Jorge Bergoglio, no es hereditario.

Irán (antes Persia) era una monarquía gobernada por el sha Reza Pahlaví, quien se hizo con el poder en 1941 tras fusionar a todas las fuerzas políticas en el Partido del rey. Las reformas de la “Revolución blanca” de Reza tuvieron alcance limitado, pero su política económica propició el enriquecimiento de los grupos vinculados al poder, en perjuicio de una mayoría empobrecida (Wikipedia). En 1979 fue derrocado por la Revolución islámica cuyo dirigente, el ayatolá Ruhollah Jomeini, regresó al país en 1979, una vez consumado el movimiento, para ser proclamado líder supremo de la República Islámica de Irán.

Jomeini publicó, el 14 de febrero de 1989, un decreto religioso (fetua) contra el escritor indio-británico Salman Rushdie por supuestas blasfemias contra el islam y el profeta Mahoma en la novela Los Versos Satánicos (1988). La obra desató protestas en el mundo musulmán, algunas de ellas violentas como la del 24 de febrero del mismo año en Bombay, donde murieron 10 personas y mil 600 fueron heridas. El ayatolá ofreció una recompensa de 3 millones de dólares por la muerte de Rushdie. Jomeini falleció meses después. Rushdie sigue activo, pero la condena continúa vigente.
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