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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Diciembre 2016 03:00:00
Enemigo fantasmal
El escritor y periodista Édgar London, originario de La Habana, aborda, en la nueva edición del bisemanario Espacio 4, otra faceta del dictador Fidel Castro, fallecido el 25 de noviembre pasado. El texto, titulado Militar de Tercera, Político de Primera, es el siguiente:

“Es difícil negar que, en 1959, cuando Fidel Castro, al mando del Ejército Rebelde, le arrebató el poder a Fulgencio Batista, la naciente leyenda revolucionaria contaba con el apoyo mayoritario del pueblo. Sólo así pudo haber triunfado. Basta echar un vistazo a su gesta bélica para comprobar que constituyó un verdadero desastre.

“Desde el ataque al cuartel Moncada, en 1953, cuando el complejo militar no pudo ser tomado y la mayoría de los atacantes resultaron ultimados o presos –Fidel, entre estos últimos–, sin olvidar la llegada, tres años después, del yate Granma al oriente de Cuba, con varios días de retraso y bajo fuego del enemigo que los había descubierto, más otras escaramuzas con similares resultados nefastos y que a duras penas pudieron ser equilibradas, gracias a la astucia de Ernesto ‘Che’ Guevara, en Santa Clara, por ejemplo, o el coraje de Camilo Cienfuegos, en Yaguajay. A propósito, uno y otro fueron héroes de la Revolución, comandantes del Ejército rebelde, figuras queridísimas por el pueblo cubano y eliminados ‘ipso facto’ del círculo de poder, en circunstancias comprometedoras.

“El mismo año que triunfó la Revolución Cubana, Camilo Cienfuegos desapareció en el mar, presuntamente a causa de un accidente aéreo. A Ernesto ‘Che’ Guevara no le fue mejor. El recién instaurado Gobierno cubano lo ayudó a reunirse, primero, con la guerrilla del Congo, y luego, con la resistencia en Bolivia, donde fue asesinado, en 1967.

“Muy pronto se demostró que las habilidades políticas de Fidel estaban mucho más desarrolladas que sus dotes militares. Con su oratoria y su carisma logró hacerse de aliados, tanto entre el campesinado como entre los obreros y aun dentro de la cúpula administrativa en ciertos niveles de Gobierno. Más poderosa que su fusil, resultó Radio Rebelde, emisora clandestina –que devino emisora oficial y todavía subsiste– con la cual daba noticias de las labores de la guerrilla e incluso concedió una entrevista al periodista estadounidense Herbert Matthews, en pleno corazón de la Sierra Maestra.

“Estas intervenciones lo hicieron muy popular, pues con ellas logró convertir las derrotas militares en victorias morales –eufemismo que seguiría empleando durante su dilatada etapa presidencial en el ámbito político con sus ‘batallas de ideas’; y hasta deportivo, con sus medallas de la dignidad. Incluso, explotó a su favor la imagen de los rebeldes, jóvenes barbudos de cabello largo, que asemejaban más estrellas del rock que un grupo insurgente, para ganarse la simpatía popular.

“Cual si se tratara del montaje de una obra de teatro y con más ruidos que nueces, el escenario quedó listo para la forzada transición. Fulgencio Batista y toda su camada familiar y política aprovecharon los fuegos artificiales con que se celebraba el fin del año 1958 para emigrar a Estados Unidos. Huían así de un enemigo con rasgos fantasmales, pues estaba en todos lados, pero nadie lo veía. Fidel Castro, por su parte, sabía que tenía el camino de oriente a occidente completamente libre –de eso se habían encargado antes Camilo Cienfuegos y el ‘Che’– y sólo faltaba completar su llegada triunfal a La Habana. El 8 de enero de 1959, miles de personas salieron a recibirlo en la capital de Cuba. La Revolución había triunfado”.
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