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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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10 Marzo 2017 04:00:00
Enseñan el chiqueador
Las modas en los trapos de vestir, mis valedores. El martes pasado lo publicó Reforma: La Tía Paz analiza la mala costumbre (de las chicas) de usar leggings como pantalones, lo que significa andar enseñando el trasero.

Y fray Antonio de Ezcaray, en 1691: “Qué más incentivo a la lujuria que ver a las mujeres con una zaya abierta por delante, para que por la abertura se vea la otra zaya, o a los hombres con unos calzones tan ajustados, que en la misma estrechez manifiestan la forma del muslo, y algo más que por la decencia conviene callar”.

Las buenas conciencias frente a las malas costumbres de la comunidad. Es el  México del XVII en la ciudad de Querétaro, donde en el colmo del escándalo y la indignación, un fray Antonio de Ezcaray protesta contra una moda de la que han transcurrido ya 326 años, por más que texto, escándalo e indignación de las buenas conciencias pudiesen fecharse el día de hoy. Y si no, tomar nota: en Querétaro también, pero tres siglos y  décadas más tarde, se manifestó el criterio de los gobiernos panistas:

“Se procura que la mujer se vista de manera apropiada y no con inmoral minifalda. En la Universidad, a los alumnos queremos formarlos y decirles cómo deben vestirse”.

En Monterrey, indignados vecinos protestaron porque algunos “panorámicos” anunciaban sostenes. La productora tuvo que “vestir” el torso de la modelo, y la autoridad fue obligada por los vecinos a retirar los anuncios en los que se promovía el uso del preservativo para evitar el VIH/sida.

En 1691, el fraile Predicador de Su Majestad: “Qué más incentivo a la lujuria que ver a una mujer agarrotada por la cintura y tan pomposa de lo restante que con la zaya que traen puesta pudieran vestirse cuatros pobres doncellas. Qué más culpables que ponerse un manto, tan transparente, tan pernicioso, que descubre a la mujer de pies a cabeza, añadiendo a este manto una red infernal de puntas, para que por ellas les vean el pelo rizado, las rosas, el chiqueador, la toca, un diluvio de cintas, botones y otras superficialidades”.

Tres siglos y años más tarde, en Villahermosa, Tabasco, el Gobierno amenaza en el Bando de Policía y Buen Gobierno: Habrá sanciones para los ciudadanos que anden desnudos dentro de sus casas y será sancionada la exhibición pública de figuras que sean obscenas o atenten contra la moral y las buenas costumbres. Esto, en una ciudad donde proliferan las esculturas que recrean, desnuda, la figura humana.

La aspaventera visión de Fray Antonio de Ezcaray: Innumerables pecados se cometen por los trajes profanos, afeites, escotados y culpables ornatos, que en estos miserables tiempos y en los antecedentes ha inducido el infernal Dragón para destruir, y acabar con las almas, que con su preciosísima Sangre redimió nuestro amantísimo Jesús. Tal visión de Apocalipsis abarca Querétaro y ciudades españolas.

Querétaro, Qro., 326 años más tarde: “El Reglamento del Buen Decir tuvo que ser cancelado por la polémica que levantó la inclusión de sanciones a las personas que utilizaran un lenguaje soez en la vía pública”.

El Predicador: “Qué más provocación que la diversidad de formas y figuras en los vestidos. Hoy son de un modo y mañana de otro: ya acuchillados, ya más estrechos, ya abiertos, ya con muchos pliegues, y con otras hechuras (.) Hay vestidos blandos, suaves, provocativos a la lujuria como las camisas de olán, cambray, bretaña, holanda o las camisas bordadas en seda por las modistas”. (¡Réprobos!)
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