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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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24 Octubre 2020 04:04:00
Ensueños
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La primera vez que escuché a Vladimir Horowitz fue en una grabación del Träumerei, una de las piezas que componen Las Escenas Infantiles de Robert Schumann. Desde los primeros acordes que salían del aparato de sonido del salón de clases quedé fascinado con la manera en que el pianista me transportó a un ensueño al cual suelo regresar no pocas veces.

El maestro de aquella clase de descubrimiento musical era un conocedor cabal de la historia musical… no, no solo de la musical sino de toda la historia universal. Su forma de transmitir la emoción de los relatos históricos era tan emocionante y vertiginosa como cautivadora y emotiva. Parecería que Díaz Durán, así se llamaba el maestro, hubiera sido una especie de conde de Saint-Germain, que hubiera estado en cada uno de los momentos que nos relató en clase, en medio de la historia y los acontecimientos que salían de su mente.

En esas clases emocionantes, pero también con dosis de temor, pues era implacable al momento de pedir las tareas y comentarios sobre los temas dados, fue donde conocí la musicalidad de Horowitz.

Luego, poco a poco fui descubriendo sus grabaciones, como la obra de Scriabin, Chopin, Domenico Scarlatti, Mozart, Franz Liszt, Schubert, o ese poderoso concierto numero tres de Sergei Rachmaninoff, con el cual se graduó en su casi adolescencia del conservatorio. Por supuesto no esta versión, sino una posterior, con la Filarmónica de Nueva York, dirigida por Eugene Ormandy.

La música de Horowitz nos pone frente a la eterna pregunta sobre la creación: ¿Un intérprete puede crear o es un mero repetidor/intérprete de la música ya escrita? Con Vladimir Horowitz la respuesta no deja lugar a dudas: el intérprete puede llegar a ser un creador, un recreador de la música que interpreta. Sin duda alguna.

Es por ello que podemos escuchar sus versiones y saber de quién se trata. Como Horowitz hay otros, claro. Pero su calidez es única. El último gran romántico del piano. Con una vida de pasajes dolorosos e inseguridades a pesar de su genio evidente. Es por eso que regreso siempre a su obra: escuchar a Horowitz es abrir un baúl de emociones que he depositado en su música a lo largo de los años. Y creo que estarán de acuerdo con que eso nos sucede con algunos autores musicales y artísticos en general.

Qué maravilla regresar a esos momentos en que la música lo es todo.
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