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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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28 Junio 2018 04:00:00
Entre dos amores
Hay dos cosas fundamentales en la vida en las que uno pone atención: el lugar donde uno nace y donde uno se hace. Sí, usted y yo pudimos nacer en una ciudad muy grande y hermosa con todo lo necesario para vivir, pero cambiamos de residencia y quedamos en medio de dos grandes urbes.

Esas dos ciudades nos dan experiencias únicas, irrepetibles. En una encontramos todo lo que necesitamos para la salud, para la vida y eso nos hace tomarle un afecto especial, mientras que la otra nos facilita obtener los insumos necesarios para sostener y llevar a buen puerto nuestro negocio.

El dicho popular dice: “No se es de donde se nace sino de donde se hace”, y es verdad, pero en su corazón hay un amor dividido. Una parte de usted está donde nació y obtuvo todo lo necesario para vivir y la otra en donde su trabajo, su negocio, su economía está manteniendo su nivel de vida.

Hay ciudades en donde el temple de las personas las conduce a ser determinantes en su actuar y ser líderes que buscan objetivos importantes para el beneficio de esa ciudad que aman. Es el caso de Torreón, en donde su liderazgo empresarial hace que tengan una calidad de vida superior a la de otras urbes cercanas.

Torreón es una metrópoli ubicada a 3 horas de Saltillo, tiene 14 vuelos comerciales, de los cuales dos son internacionales, y cinco líneas aéreas en operación, mientras que en la capital del estado se tiene una línea con un solo vuelo a la Ciudad de México y ni siquiera seguro porque puede llegar o no según el clima y la decisión de los directivos de la empresa. Una gran diferencia con lo que se tiene en Saltillo, donde los liderazgos empresariales no consiguen nada para la ciudad, han caído en la comodidad de volar por Monterrey: más barato, más seguro y con un gran número de vuelos.

Así, nuestro ser se va enamorando de las bondades que una ciudad nos brinda, contra otra en donde batallamos para tener un buen servicio, mejores experiencias y entonces nuestro amor se divide y empezamos a luchar por el aprecio, por el cariño entre una y otra.

Monterrey es una gran urbe en donde encontramos todo, pero principalmente servicios de salud que en Saltillo no se tienen y en donde salvarle la vida a un ser humano es más fácil porque se tiene equipo, hospitales, médicos especialistas que atienden al paciente de manera eficiente, y en Saltillo las oportunidades en un mismo cuadro son reducidas y la posibilidad de salir airoso es limitada.

Torreón no sólo tiene una mayor cantidad de vuelos que Saltillo, ahí se tienen grandes proveedores de materias primas de todo tipo y precios que compiten e incluso son mejores que los que negociantes de Monterrey pueden dar.

Ambas metrópolis nos enseñan una cosa: hay que ser agresivos en los negocios para poder atraer al cliente; es fundamental competir, entrar de lleno en la pugna por el cliente a través de estrategias comerciales que sumen valor agregado a lo que vendemos.

Dejemos de ser tímidos y conservadores y en cambio busquemos ser reaccionarios, crecer en el negocio, conquistar al cliente, retenerlo y dejar malas prácticas que sólo desprestigian a los negociantes locales y provocamos que nuestros consumidores dividan y disputen su amor entre Torreón y Monterrey.

En medio de esta dicotomía, viene a mi mente la letra de esa canción que interpretó Manuel Ascanio:

No debes tener dos amores,

es muy complicado besar

en dos bocas.

Dos nombres, te causan errores,

mucho he notado que uno

se equivoca.

Dejemos de equivocarnos y mejoremos nuestra competitividad con una atención impecable, una calidad inmejorable y precios competitivos. Enamoremos al cliente.
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