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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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04 Junio 2016 04:00:50
Entre el optimismo de Peña y el azoro de Osorio
Si quisiéramos saber qué piensa en estos momentos el Gobierno federal de las complicadas y competidas elecciones que habrá mañana en 14 entidades de la República, no sería algo fácil: por un lado, el presidente Enrique Peña Nieto nos dice en un tono optimista –que a la luz de lo visto en las campañas raya en la ingenuidad– que espera este domingo “una jornada electoral democrática, cívica y ejemplar”; pero por otro lado, su secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, no es tan positivo y en un tono de preocupación descalifica la democracia que se vivió en estos comicios y no dice que éste ha sido “el más despiadado de los procesos electorales por cómo se condujeron los partidos y los candidatos, que tocaron lo personal. Yo no entiendo así la democracia, creo que se han extralimitado”, sentencia.

Y entonces, ¿qué podemos esperar de las votaciones de mañana si nos atenemos al diagnóstico del Gobierno de la República? ¿Una jornada cívica ejemplar, como la que avizora el Presidente?

O más bien, desde la óptica del titular de Gobernación, una jornada en la que, acorde con lo “despiadadas” que fueron las campañas, los partidos y sus candidatos no se comporten a la altura y prevalezca el tono de descalificación, polarización, guerra sucia y violencia durante las votaciones?

El tema es más complejo que el cristal con que se mire. Por supuesto que todos deseamos y queremos que la total suciedad y la violencia verbal que privó en estas campañas quede atrás y que, durante la jornada comicial, los partidos y sus candidatos den muestras de la madurez y la civilidad. Pero eso es sólo un buen deseo.

Lo enrarecido del ambiente y la polarización y exacerbación de los ánimos en varias entidades, producto de las campañas “despiadadas”, están ahí y no desaparecerán ni por el optimismo presidencial ni por la fuerte presencia policiaca de las fuerzas federales que resguardarán estos comicios.

Los 80 mil policías que el Gobierno de Peña Nieto mandó a vigilar estas elecciones –16 mil en Tamaulipas, 15 mil en Oaxaca, 15 mil en Chihuahua y 10 mil en Veracruz, entre otras– son una fuerza de contención y disuasión más enfocada en controlar a poderes de facto, como los cárteles del narcotráfico tamaulipeco, o a disidentes radicales de la CNTE en Oaxaca. La pregunta es si la Policía Federal también vigilará a las
estructuras y maquinarias de los partidos –con su estela de mapaches, acarreadores y “promotores del voto”– que operarán durante las 10 horas que duren las votaciones en 14 estados. Ahí estarán los verdaderos delincuentes electorales y los grupos de choque que los partidos utilizan a conveniencia en secciones y casillas donde ven riesgo para sus candidatos. ¿A esos delincuentes también los van a detener o a
contener los federales?

Por lo demás, independientemente de quién gane, quién pierda, quién avance o retroceda en estos comicios, lo que queda muy claro es que los partidos políticos no han entendido nada sobre el hartazgo, enojo y rechazo ciudadano hacia ellos y sus prácticas.

En estas campañas, más allá del preocupante azoro del secretario de Gobernación, asistimos a un espectáculo penoso y denigrante, en donde la competencia democrática no se dio en términos de capacidades o experiencia de los candidatos, sino de quién era el más corrupto, el más ratero, el más narco o el más depravado; y la oferta política y la propuesta de gobierno, perdida en la estridencia, se redujo a simplezas y
lugares comunes como “soy el más limpio” o “a mí no me han acusado de nada (ni siquiera de ser capaz de gobernar)”.

Y ustedes, ¿cómo ven el vaso de los comicios de mañana, medio lleno o medio vacío?

Notas indiscretas… Hay una amenaza que flota en el ambiente de la elección de los diputados del Constituyente de la Ciudad de México. En el círculo cercano de Andrés Manuel López Obrador se asegura que el dirigente de Morena ha definido que, aun cuando su partido se ve como el más fuerte en la elección capitalina y todo indica que sería el gran ganador en las votaciones, si la participación ciudadana en la elección
no supera el 26% del padrón electoral de la Ciudad, entonces Morena no participaría con sus diputados en la instalación del Constituyente, bajo el argumento de que el nuevo órgano carecería de responsabilidad. Eso sería, de concretarse, un boicot, y habría que ver si la Asamblea Constituyente puede instalarse sin los representantes de Morena… Los dados mandan Serpiente doble. Mal augurio.
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