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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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12 Agosto 2018 04:00:00
Entre la guerra y la paz
Se puede decir que es impulsivo, obcecado, egocéntrico y algunas cosas más, pero nadie puede negar que es “entrón”.

Ni bien se supo de la tendencia irreversible que le daba el triunfo, el día mismo de la elección, AMLO empezó a gobernar.

Su beligerancia contra Peña Nieto, por ejemplo, y con la Suprema Corte de Justicia, no fueron impedimento para que en esta semana se reuniera, a puerta cerrada (¿y la transparencia?), con el Presidente de la República y con el pleno de la Corte.

Además, acostumbrado a nadar contra la corriente, aunque no necesariamente para bien, se propuso efectuar foros de consulta para sustentar sus proyectos -o para promoverlos, quizás, que bien pensados ya los tenía- y lo hizo a pesar de que encontró límites legales para dar algún sentido jurídicamente vinculatorio a esas reuniones, porque la previsión de ellos impone que coincidan con algún proceso electoral, y este ya había pasado.

“Haiga sido como haiga sido”, según la célebre frase de su antiguo contrincante Felipe Calderón, los foros van, y ya se celebraron dos: Uno en Ciudad Juárez, lugar tan tristemente célebre por desgracia, al que mucho se le “dio vuelo”, posiblemente por ser el primero; el segundo, en nuestra también golpeada Torreón, sin tanto bombo y platillo, inexplicablemente.

La constante que ya se vislumbra en esos foros será, sin duda, la insistencia en recordar, perdonando, sin que hasta hoy haya encontrado eco esa proclama entre las víctimas, que ni olvidan ni perdonan los gravísimos agravios que han sufrido, sobre todo quienes lo han sido en los casos de desapariciones forzadas.

Ardua tarea será esa, especialmente si se insiste en la cuantificación y las cifras, olvidando que, detrás de cada número, hay una persona que guarda pesares que nadie más carga, aunque porten otros y otras algunos del mismo tamaño y naturaleza, y que cada uno requiere atención inmediata, personal y soluciones, no promesas.

Un buen signo, me parece, es que se vio al futuro secretario de Seguridad Pública bien plantado en la tribuna, muy dueño de sí mismo, insistiendo en que el proyecto es “por la paz”, lo que implica, según entiendo, que la situación imperante es de guerra (¿da con eso la razón a Calderón Hinojosa?), y apuntó, en buen momento durante su discurso en Juárez, que lo que ahí plantaran los asistentes les sería devuelto en forma de políticas públicas, rama en la que reconoció ser especialista, aunque no lo sea en materia de seguridad.

En todo caso, es bueno tener al frente de una dependencia tan importante como la que se le ha destinado a alguien que entiende que las políticas públicas son cursos de acción, una técnica de gestión y no solo una frase para ocupar espacio en los documentos programáticos.

Habría sido mucho pedir que en ese evento y en tan poco tiempo describiera mejor los elementos, etapas y responsables de esas políticas públicas, que requerirán, de partida y necesariamente, un diagnóstico puntual, preciso, del muy complejo problema de descomposición social que ha llevado las cosas al punto en que se encuentran, pero cuando menos ya delineó algunas metas -objetivos cuantificados- que se propone alcanzar el nuevo gobierno y, lo que es mucho más importante, enfatizó algo sin lo que cualquier política pública estaría condenada al fracaso: La participación de las personas afectadas por el daño, toda la comunidad, sí, pero muy especialmente las víctimas directas de tan execrables crímenes como los que más dolorosamente han afectado a nuestras comunidades..

Todavía no se ven los “cómos”, pero no deja de ser alentador -esperanzador, dirán algunos- que el enfoque sea el adecuado.

Queda por verse la efectividad del empeño y los diseños metodológicos para su evaluación permanente y participativa, que tampoco puede faltar si de verdad se quiere saltar la brecha entre las promesas y su cumplimiento cabal, entre las esperanzas que se han alentado y las realidades puestas en práctica.

Veremos y diremos.
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