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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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06 Marzo 2019 04:06:00
Entre priistas
Lo que queda del PRI cumplió 90 años y, según esto, tiene el reto de reconstruirse, reinventarse y llegar a significar, eventualmente, alguna opción viable en comicios venideros.

Desde este espacio esperamos que no lo logre. Ya suficiente daño hizo a lo largo de estas nueve décadas.

Los necesarios contrapesos a la figura presidencial y las opciones para disputar el voto ciudadano deberán surgir de otra parte, y en el mejor de los escenarios, con una camada nueva que nada tenga que ver con esta clase política que creció y se alimentó con el ejemplo del priismo, y que hizo de la corrupción, la simulación y la soberbia su eje de acción y, por lo visto, única motivación.

El detalle simpático es que cierto grupo de priistas, bajo el liderazgo del exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, y con el pomposo nombre de Democracia Interna, pide la expulsión del partido del expresidente Enrique Peña Nieto, “por el inmenso daño que le causó al PRI, llevándolo del triunfo del 2012 a la peor derrota de su historia en el 2018”.

El tal Ulises se va a la yugular. Y cito: “Una y otra vez se ha señalado el desprestigio que le ocasionaron al PRI la corrupción de destacados militantes como el propio Peña, algunos miembros de su Gabinete y los gobernadores cuyas candidaturas impulsó el exmandatario; unos hoy encarcelados, alguno otro prófugo y otros más aún al frente de administraciones estatales”.

Vaya… Un grupo culpa a Peña Nieto de todos los males del partido, pero hay otros que no piensan lo mismo, incluso el 27 de febrero lo integraron al Consejo Político Nacional.

Los que creen que el PRI está donde está –y desde mi óptica, afortunadamente para el país–, por la penosa y corrupta Administración del ex de “La Gaviota”, en parte tienen razón. En su sexenio se rompió con la máxima de los políticos corruptos, de simular, de guardar las formas.

En el nuevo PRI reinó el descaro, pero hay que recordar que en toda su historia de “dictadura perfecta” no hay una sola Administración que se haya caracterizado por la decencia, la eficiencia y la transparencia. Ninguna.

Entonces este es un pleito entre personajes cortados con la misma tijera y que cargan, unos más y otros menos, los mismos pecados. Así que sólo queda desear que –independientemente de que expulsen a Peña y a dos docenas más, o un centenar si quieren–, que los priistas pidan perdón y mejor cierren el changarro. Y ojalá algún día paguen, como deben pagar, los que tanto daño le hicieron a México (y algunos aún hacen).
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