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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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05 Enero 2017 04:00:00
EPN y el gasolinazo
Enrique Peña Nieto salió finalmente a dar la cara. En una ceremonia en Los Pinos, en la que anunció nuevos titulares de relaciones exteriores y de cultura, presentó ayer su posición sobre el aumento en los precios de la gasolina.

El Presidente advirtió que el incremento no es producto ni de la reforma energética ni de la fiscal, sino de la elevación de los precios internacionales del petróleo. “Comprendo la molestia y el enojo” dijo, pero la medida busca “preservar la estabilidad de la economía”. Añadió que “el Gobierno no permitirá abusos. alzas en precios que no sean justificados” y que ofrecerá “apoyo a los sectores más vulnerables”.

Estas palabras no tranquilizarán a la población ni apaciguarán a los grupos que están bloqueando carreteras o terminales de distribución de gasolina, saqueando tiendas o destruyendo gasolineras. Estos sólo habrían aceptado una cancelación inmediata del aumento. El Presidente no lo podía hacer, no sólo porque habría significado una gran derrota política, sino porque en un punto crucial tiene razón: el alza es fundamentalmente consecuencia del aumento del petróleo y la depreciación del peso.

Dejar sin efecto el aumento obligaría nuevamente a subsidiar la gasolina. Con los precios en los niveles del 31 de diciembre y las actuales cotizaciones del crudo, el Gobierno habría tenido que cubrir un subsidio de 200 mil millones de pesos en 2017.

El precio de las gasolinas incide sobre toda la economía. Es iluso pretender que el alza no afectará la inflación general, pero los subsidios a la gasolina son una pésima política pública. Favorecen de manera descomunal a los más ricos y promueven el uso de vehículos de motor. Una de las razones por las cuales México tiene un consumo de gasolina superior al que supondría su nivel de desarrollo ha sido el subsidio a la gasolina. Entre 2007 y 2012, cuando los precios del crudo alcanzaron 100 dólares por barril, el Gobierno usó 925 mil millones de pesos para subsidiar la gasolina. Es un gasto obsceno en un país pobre como el nuestro.

En 2016 el precio de la mezcla mexicana de exportación subió 46.38%, el Brent del mar del Norte 56.14 y el West Texas Intermediate 53.77. El tipo de cambio del dólar frente al peso aumentó 20%. Realmente era inevitable que subiera el precio de las gasolinas. De hecho, se debió haber aumentado de manera gradual a lo largo de 2016, pero un “acuerdo” de diciembre de 2015 estableció una banda con precios máximos, supuestamente para proteger al consumidor en 2016, lo cual sólo sirvió para acumular presión y provocar un aumento más fuerte el 1ro de enero 2017.

El proceso todavía no termina. Los precios internacionales del petróleo estaban subiendo 1.8% ayer a las cuatro de la tarde. Los incrementos, que los políticos siempre nos decían que nos beneficiaban, en realidad nos perjudican como consumidores. El peso, mientras tanto, se está desplomando, lo cual reduce nuestro poder de compra. La apertura total del mercado de la gasolina tendrá lugar a mediados de febrero y, de momento, ante los aumentos del crudo y la caída del peso, los precios tendrán que subir aún más.

¿Lo aguantará políticamente el Presidente? No lo sé. La promesa de dar “apoyos” a los más vulnerables quiere decir que habrá nuevos subsidios, pero los subsidios son muy ineficientes. Mucho mejor sería para los pobres aplicar la ley y no seguir permitiendo bloqueos de carreteras. Pero aplicar la ley nunca es una opción para nuestros políticos.

SRE Y CULTURA

Luis Videgaray es un economista reconocido, pero no tiene experiencia en las relaciones exteriores. Tendrá que aprender en el cargo. En cambio, María Cristina García Cepeda, Maraki, es una selección “cantada” para cultura.
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