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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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22 Octubre 2016 04:09:00
Equidad de género: (1) la violencia
No hay duda de que se ha avanzado en torno a la urgente necesidad de contar con una sociedad donde prive la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo el camino aún es extremadamente largo, es decir, falta muchísimo por hacer.

En algunos aspectos los acuerdos para generar un ambiente de mayor igualdad de género son sustantivos. En otros se observan inexistentes. Y por desgracia, en los temas cruciales es donde los resultados son menos positivos.

Miles de mujeres siguen muriendo víctimas de la violencia de género. Mueren simplemente por ser mujeres. Y eso es aberrante.

En todos los estratos sociales se presentan las criminales manifestaciones de violencia física, sexual y psicológica contra las mujeres. La violencia del desconocido y la del hombre cercano, ese “animal” con el que se comparte el ADN o el “amor”. La violencia de quien no sabe su nombre y la ve únicamente como un objeto que puede tocar, insultar o agredir, usar y desechar. La violencia de su padre o de aquel quien primero la enamoró y luego se asumió como su dueño.

En el siglo 21 seguimos observando una violencia que intenta mantener la dominación del hombre sobre la mujer. Una violencia que en el ayer se engendraba (y en muchos lugares y sectores se mantiene) en un falso sentimiento de superioridad por parte de algunos hombres, cuya teoría se basa en el hecho de ocupar la función de proveedores del hogar y por lo tanto ser los supuestos “jefes de la casa”. Violencia que hoy adquiere un nuevo argumento y que se incrementa en el trauma de verse superados por su pareja en algunos ámbitos o en tener que competir en el mundo laboral con sus compañeras de trabajo, unos “machitos” que se siguen sintiendo superiores y que no encuentran justicia en el exitoso desempeño de las mujeres.

Hay que apoyar a las supervivientes, generar los mecanismos que les ayuden a salir adelante, que les garanticen seguridad y un mejor mañana. Darle cuidado y fortaleza a las víctimas.

Hay que castigar severamente todas las manifestaciones de violencia contra las mujeres, sean físicas, sexuales o psicológicas. Se tienen que destinar los recursos necesarios, sean humanos, económicos o legales, para que se observe como prioritaria la justicia a las víctimas de la violencia de género

Es preciso ir más allá y generar una sociedad libre de todo tipo de violencia, donde la carga de rencor y malestar no encuentre espacios de represión e insensatez contra los seres más vulnerables.

Es vital atacar el problema de raíz, prevenir antes de lamentar. Es importante que se destinen recursos a la enseñanza, generar estrategias, contenidos y momentos para educar en torno a una cultura de respeto, responsabilidad e igualdad, una cultura que rompa con estereotipos y roles, que rechace la violencia.

Los esfuerzos educativos se tienen que establecer en todos los frentes, en la casa, la escuela, los medios de comunicación; en todos los espacios habrá que ir transformando la forma de pensar y por consiguiente el actuar de hombres y mujeres, fortalecer la cultura de igualdad entre todos los seres humanos sin importar género, inclinaciones sexuales, condiciones socioculturales.

Ninguna niña debe abandonar sus estudios. No existen limitantes relacionadas con el género para el aprendizaje de ninguna asignatura. La igualdad, el respeto y la responsabilidad son elementos que forman parte de la cultura de género que debe inculcarse en la casa, la escuela y la sociedad.

La muerte de una mujer producto de la violencia de género debe generar alarma social. Todos debemos trabajar para establecer en la sociedad un esquema de cero tolerancia con relación a la violencia género.

Sin embargo, y lamentablemente, creo que la clase política (la que integran hombres y mujeres) está más preocupada, o mejor dicho, sólo está preocupada por cuotas de género y poco les interesa el hecho de resolver el grave problema de la violencia contra las niñas y las mujeres.
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