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Teresa Guajardo Berlanga
Teresa Guajardo Berlanga
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22 Marzo 2017 04:00:00
Equinoccio
Hoy mediados de marzo nos encontramos con el cambio primaveral, así es, una época en donde nos percatamos del fenómeno astronómico llamado equinoccio que iguala la duración del día con la noche, en donde la luz y la oscuridad no desigualan la una sobre la otra y en donde nuestro México y su cúspide de la Pirámide del Sol en el hermoso Teotihuacán se visten de galardón para recibir a miles de connacionales y extranjeros; una cultura o costumbre asentada en nuestro país y de precedentes prehispánicos en donde la persona disfruta de la salida del invierno y la bienvenida de la primavera.

¿A qué viene la memoria sobre esta etapa importante del año para nuestro país? Es clave, nuestros ancestros; aquellos personajes, nuestras raíces, lo que somos en cuanto a cultura e historia y que nos representa, símbolo de los que nacieron en nuestra tierra y que anhelaban mediante supersticiones, creencias, mitos y rituales, esos deseos de bienaventuranza, energía y salud para sus pueblos, todo ello de la mano de una conexión espiritual mientras el sol subía por las montañas de Apan, Hidalgo, matizando de tonos flamables la pirámide y el paisaje, generando según sus rituales esa conexión con la madre tierra que es iluminada con el propósito y la finalidad de una prospera tranquilidad.

Año con año miles de turistas asisten para observar la cúspide piramidal que fue construida por sus habitantes y que se desarrolló en su momento como la principal ciudad de Mesoamérica. Misma escalinata que cuenta en la actualidad con 238 escalones en la que se puede ascender hasta su cumbre y en donde el turista asiste para ser partícipe del ritual enérgico en este bello emblema arquitectónico.

Otros de los lugares turísticos más visitados en esta fecha es el templo de Kukulkán en Chichen Itzá, la razón por la cual miles asisten a este tipo lugares con grandes reliquias arquitectónicas se basa en la creencia de que estas cargan de energía positiva al cuerpo humano, llenándolo de vitalidad, la costumbre es vestirse de color blanco para recibir las buenas vibras.

Por último, me queda resaltar uno de los espectáculos naturales con mayor auge durante la jornada del equinoccio, este tiene sede en la ya antes menciona ciudad maya, Chichen Itzá, en uno de sus 17 edificios, la pirámide de Kukulkán (en maya: k’ukulk’an, ‘pluma y serpiente’), miles de personas se reúnen en este lugar para admirar la sombra de la serpiente emplumada descendiendo desde su cúspide, por la escalinata de la pirámide, hasta la base de la misma, figura que rinde tributo al dios Quetzalcóatl. Los mayas le otorgaron a esta joya arquitectónica el nombre de “el castillo”, por ser el edificio más importante de esta ciudad maya. Sin duda alguna, joyas arquitectónicas resaltadas en una época del año significativa para nuestro país.
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