×
José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
ver +

" Comentar Imprimir
20 Agosto 2017 04:03:00
Ernesto Pérez Vallejo
‘La poesía no quiere adeptos, quiere amantes’. Federico García Lorca Poeta y dramaturgo español

Como buen miembro de la generación X, a la que pertenezco, soy malo para la tecnología –por ahí tengo una anécdota que muchos de los que me conoce repiten casi como leyenda urbana respecto a un incidente que alguna vez se dio con mi messenger cuando sólo existía esa opción de ¡¿red social?! que ilustra claramente lo teto que puedo resultar cuando me toca lidiar con aparatos modernos que algún día les traeré a este espacio, aunque narrarla SIEMPRE será más sabroso y divertido, y en eso de ser malo incluyo muchas cosas: casi nunca compro nada por internet, casi no me gusta ningún tipo de entretenimiento electrónico más allá de la música y ocasionalmente la televisión, y en términos de lo mucho que les he dicho que me gusta la lectura, casi nunca leo “libros” en formato electrónico; de hecho, no hallo placer más grande que el de tomar un libro impreso, ya sea nuevo o usado, y llevarlo a casa para seguir con mi maldita manía del tsundoku (para quienes no leyeron mi columna de hace dos domingos, dicha palabreja es una de las intraducibles compiladas por Ella Frances Sanders en su libro Lost in Translation, se trata de un sustantivo que viene del japonés, y describe el hecho de comprar un libro, no leerlo y dejarlo apilado sobre otros libros no leídos).

Sin embargo, el inevitable uso de internet y TODO lo bueno que este puede traer, me ha llevado un poco a quitarme lo cuadrado, y permitir aventurarme cada vez más en ese gran océano para, hurgando, encontrar autores que merecen ser leídos incluso en formato digital. Así me pasó con Ernesto Pérez Vallejo, poeta español que, al igual que muchos otros aquí citados, tiene textos exquisitos sobre temas cotidianos que quiero poner a su consideración, estimados y sibaríticos lectores. ¿Quién es dicho escritor? Dejemos que la biografía contenida en su página electrónica hable: Ernesto Pérez Vallejo nació en 1979. Vive en un pueblo pequeño de Cádiz: Campamento-San Roque. Escribe desde muy pequeño para salir ileso. Canta mal y en la ducha, no sabe tocar ningún instrumento, ni hacer muñecos graciosos con plastilina. Le gusta el mar desde fuera y el amor desde muy dentro. Su súper héroe favorito es su padre, su color preferido, el azul daltónico. Sueña siempre, pero sólo lo recuerda si son sueños eróticos. Le gusta Bukowski, con él aprendió lo amplia que puede ser la literatura y lo fácil que es amarla lejos de los colegios. Odia las multitudes, el exceso de poder y de maquillaje; pero, sobre todo, odia odiar. Ama la vida. Piensa que hay pocas cosas más crueles que la duda y también duda de eso. Si alguien le preguntara, hoy o mañana, qué es lo que más le sorprende del mundo, diría sin pensarlo dos veces: “Que alguien se detenga a leerme”. Leámoslo pues, en uno de los mejores poemas que he encontrado en ese vasto mar llamado la red:

Charcos en el mar

Entonces se desnudó

y donde ella aseguraba que sobraban kilos

yo juré que le faltaban besos.

Podríamos haber hablado de frío

a tres metros de distancia, ignorar tiritando de deseo

cuantos veranos nos caben en los brazos.

Coser enero en el quicio de la puerta e intentar descifrar en el vaho

de los suspiros, si nombrarnos nos sabe como un beso en la boca.

No he llegado a saber el verdadero significado de la sed

hasta no sentir tus manos acariciarme la nuca.

De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua.

Tus muslos se abren como quien abre un paréntesis,

como quien cierra un pasado.

Podríamos habernos sentado

a hablar de la lluvia, observar con la inocencia perdida

nuestro reflejo en los charco; pero decidimos ser los dueños

de la próxima tormenta. Desnuda pareces una playa

donde naufragan las islas.

Gimes y toda la habitación baila

como si tuvieras en la garganta los acordes de mi vida.

Como si la música no existiera sin tu boca.

Traduzco tus suspiros al idioma del deseo

y toda mi existencia se resume a tus labios.

Follarte es estar dentro del poema. Nos leemos despacio,

tienes adjetivos en las caderas que aún ni conocía.

Voy a llenarte la vida de palabras esdrújulas,

los sueños de verbos en futuro perfecto,

las manos de puntos suspensivos,

los ojos de signos de exclamación.

Y voy a cerrar el paréntesis después de tu nombre.

Como quien cierra una estrofa.

Para quedarnos dentro.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2