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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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10 Octubre 2016 04:00:00
¡Es el sexo, estúpido!
“¡Es la economía, estúpido!,” fue la frase que hizo ganar a Bill Clinton en 1992. “Es el sexo, estúpido,” es la frase que hará ganar a Hillary Rodham Clinton en 2016.
El debate presidencial de ayer giró alrededor de varios temas, pero sólo uno será recordado: no fueron los migrantes, ni el libre comercio o las políticas para proteger el empleo.

Fue el sexo: el candidato republicano se sinceró hace 11 años en una conversación con el periodista Bill Bush sobre sus pulsiones eróticas más bajas. “(No puedo resistirme), me siento automáticamente atraído hacia las mujeres. Comienzo a besarlas y ellas me dejan hacer porque así sucede cuando eres una estrella, puedes agarrar su sexo y no pasa nada”.

Durante el debate de ayer dijo lamentar estas expresiones, pero también las calificó de irrelevantes: “(No son) más que una distracción de los temas importantes que se enfrentan hoy”.

Bajo el viejo adagio de que la mejor defensa es el ataque, optó por desempolvar expedientes antiguos que supuestamente involucran al marido de la candidata Clinton y peor aún, que la implicarían como cómplice.

Ayer Donald Trump quedó exhibido de nuevo como lo que es: un mentiroso. Para cubrirse, el candidato republicano afirmó que Hillary Clinton “intimidó, amenazó y atacó a las víctimas de su marido”.

Al hacerlo así cometió un doble acto de discriminación. Primero contra las mujeres tratadas por él como objeto sexual y segundo contra Hillary Clinton, quien sufrió y perdonó antes las infidelidades de su pareja.

Dijo Trump durante el debate previo que a la candidata demócrata le faltaba estamina para gobernar Estados Unidos. Ayer se dedicó a descalificarla con sus modos y maneras. Cada vez que ella hablaba él gesticulaba y se paraba detrás suyo para mostrar la diferencia del volumen corporal.

No fue su desprecio hacia los migrantes, tampoco su ataque sistemático hacia la religión musulmana; no fueron sus mentiras o su retórica extravagante, Trump ha empedrado su camino en esta contienda presidencial por uno de los argumentos más primarios de la especie animal: el sexo. Por su machismo irredento.

Según el reputado sitio “fiverhirthyeight.com” sólo 2 de cada 10 estadunidenses piensan que Trump puede ganar esta elección.

No sorprende que los políticos republicanos hayan comenzado a saltar del barco antes de quedar sepultados por tan siniestro naufragio.

Cabe suponer que Hillary Rodham Clinton arrasará el próximo 8 de noviembre, pero Trump no ha sido todavía derrotado.

Durante el debate de ayer demostró que, a pesar de tanto, tiene cabeza y cuerpo de buldócer. Comenzó el debate con menos 10 y lo terminó empatado.

Clinton creyó que después del video comprometedor Trump estaría muerto políticamente. Y sin embargo ayer se probó, de nuevo, que a este empresario no hay que subestimarlo. Puede levantarse en el último minuto.

En revancha a la candidata demócrata se le vio cansada, podría decirse que aburrida de tanta cháchara de su oponente.

Me temo, sin embargo, que Clinton perdió una oportunidad de oro para clavarle dos o tres estocadas que, por estar distraída, dejó pasar. Por ejemplo, cuando Trump aceptó con orgullo que evadía impuestos o cuando se mostró ignorante sobre el tema sirio.

Todo el tiempo Clinton decidió seguir un consejo de Michelle Obama: cuando te tiran bajo, vuela alto. Quizá el error de ayer es que lo hizo demasiado alto.

ZOOM: Con todo, el estigma de misógino será prenda que llevará Donald Trump hasta la tumba. Y eso no le ayuda en nada con el voto femenino. La mitad del electorado.
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