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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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21 Marzo 2018 04:00:00
¿Es esta nota una invitación al suicidio?
Iniciando la semana, en la colonia La Gloria, un reporte al 911 alertó sobre un intento de suicidio que atendieron los elementos de la benemérita Cruz Roja y era del joven Gustavo, de 22 años, quien intentó, bajo intoxicación aguda por sustancias tóxicas, terminar con su vida colgándose de una de las ventanas de su casa, ahorcándose con su cinturón.

Su abuelo lo descubrió a tiempo y le salvó la vida, pero al llegar los elementos policiacos que también atendieron el reporte, el joven se volvió agresivo y sin mayor discriminación lo esposaron a la patrulla y lo trasladaron a los separos municipales, tal vez con el cargo de agresión o de perturbación del orden público, vaya usted a saber.

La pareja del joven, con quien tiene un hijo, reportó que no tiene actualmente un trabajo y sí una fuerte adicción a diferentes sustancias. Estos indicadores anticipan que está sometido a los efectos de algún trastorno mental diagnosticable y con posibilidad de ser tratado, pero si en lugar de llevarlo al lugar indicado, el Centro Estatal de Salud Mental, el Cesame, lo encierran en los separos policiales, el joven está perdido.

El problema del suicidio es alarmante. Sepa usted que cada hora con 20 minutos hay un suicidio en nuestro país y lo peor es que, así como Gustavo, el 40% tiene entre 15 y 29 años y ya es la segunda causa de muerte de este sector de la población, después de los accidentes de tránsito.

Para fortuna nuestra, el Congreso local concluyó sus foros de consulta Coahuila Libre de Suicidio, para atender este creciente problema de salud, pero las notas sobre este foro no son del todo claras.

Se dijo ahí, con evidente reduccionismo a las observaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es necesario reglamentar a los medios de comunicación en el manejo sobre los suicidios (sin afectar la libertad de expresión, aclararon), porque la forma en que se difunde la información puede inducir a atentar contra la propia vida y pareciera que hacen una invitación encubierta al suicidio.

También, dice la nota, se señalaron como causas de suicidio tantas cosas (pobreza, baja educación, desempleo, abuso sexual, discriminación de género, desintegración familiar, adicciones, problemas emocionales como la depresión, la exclusión social, fracasos existenciales de la vida, trastornos de la personalidad, déficit de atención en el adulto, la baja espiritualidad y el mal uso de las redes sociales), que seguramente todos nos vamos a suicidar en un momento de nuestra vida.

Además se dieron recomendaciones extraídas de sugerencias de la OMS que no pueden ser tomadas literalmente (como, por ejemplo, la restricción del acceso a los medios de suicidio, que si se cumpliera, haría imposible el uso de los cinturones), pero que bien estructuradas pueden dar ciertos resultados: medidas de prevención y detección temprana, capacitación del personal del 911 y la Línea de la Vida (y los cuerpos de seguridad pública, como vimos en el trato con Gustavo); atención especializada para los familiares de potenciales suicidas y educación para la salud mental en las escuelas (que está contemplado en el currículo de educación básica, con la educación socioemocional).

Así otras medidas, como la detección oportuna de la ideación suicida, aunque se quedaron cortos en las recomendaciones de la OMS, debiendo aplicar la Guía de Intervención mhGAP de manera más integral. Habrá que revisar las recomendaciones de la OMS con una visión más amplia, me parece.

Y deben tomarse en cuenta los recursos reales: según la OMS, en 2014 había en el sector de salud pública un siquiatra por cada 200 mil personas, y en cuanto a los sicólogos egresan suficientes, pero sin la capacitación adecuada ni existen plazas para ser de utilidad.

También se dijo que Coahuila tiene el segundo lugar nacional en tasa de suicidios, pero esas estadísticas no son muy precisas: según datos del INEGI, Chihuahua y Quintana Roo tuvieron tasas de 11.9 y 9.85 suicidios por cada 100 mil habitantes, las más altas del país en 2015, que es el registro más reciente.

Aguascalientes, Campeche y Yucatán ocupan los lugares tres, cuatro y cinco en tasa de suicidios. En estas estadísticas, Coahuila ocupa el lugar 15, con una tasa de suicidios de 6 por cada 100 mil habitantes. Entre los 50 municipios con mayor crecimiento promedio en la tasa de suicidios, Saltillo no figura aún en la lista, que encabeza Comitán de Domínguez y que le siguen Texcoco, Tuxtla Gutiérrez, Tultepec, Huixquilucan, Tultitlán y Santa Catarina. De La Laguna alcanzan a nombrarse en esta preocupante lista Gómez Palacio, en el lugar 44, y Torreón, en el 49.

Dado lo anterior debemos preguntarnos (con José Merino, Carolina Torreblanca y Marisol Torres, en Nexos, Agosto 1, 2017), “¿qué está pasando en el país que cada vez más jóvenes entre 15 y 44 años se suicidan? ¿Por qué hombres? ¿Qué lleva al mismo tiempo a tantas personas mayores de 75 años a terminar con su vida? ¿Qué está pasando que es entre los 15 y 29 años en donde ocurre la mayor proporción de suicidios de mujeres? ¿Por qué entre menores de 15 años son las niñas las que reportan también tasas más altas? ¿Qué podemos identificar que sea titularidad del Estado mexicano que nos permita explicar y por tanto prevenir estos suicidios?”.

Estas preguntas pueden dar las líneas de investigación necesarias para no establecer las estrategias a ciegas, que conduzcan la intervención pública otra vez al fracaso.
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