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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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26 Julio 2015 04:00:09
Es la desigualdad, ‘stupids’
No es la pobreza, es la desigualdad. Hace un par de días, se informó que en México viven 2 millones más de personas en situación de pobreza, más que en 2012. Según las cifras reveladas por el Coneval, en dos años pasamos a 55.3%, lo que representa 46.2% de la población total del país. “Por la disminución del ingreso de las familias. En ese momento es cuando se miden los precios de algunos productos que estaban altos y, por otro lado, el crecimiento poblacional. Tenemos 2 millones más de mexicanos, de los cuales un millón 100 mil ya nació pobre. Este elemento a considerar, parte de la estrategia del combate a la pobreza, tiene que ver con la política demográfica. Es una articulación, una intervención de los tres niveles de Gobierno...”, me dijo Rosario Robles, titular de Sedesol, cuando le pregunté qué era lo que no estaba funcionando.

Los datos del Coneval arrojaron cifras que hacen un enorme claroscuro: la pobreza extrema disminuyó, pasó de 11.5 a 11.4 millones de personas. Algo es algo, esto se opaca porque nos dicen que los índices de pobreza y pobreza extrema aumentaron en ocho estados del país: Morelos, Veracruz, Oaxaca, Estado de México, Sinaloa, Coahuila, Hidalgo y Baja California Sur. En Chiapas bajó la pobreza extrema, pero no la pobreza. En resumen, 79.5% de los mexicanos vive en algún tipo de condición de pobreza, desde la que los hace vulnerables a alguna carencia, hasta quienes apenas logran sobrevivir. No es un tema nuevo. Por años hemos visto desfilar programas sociales que buscan la erradicación del problema. Tarea nada sencilla, imposible borrarla de un día para otro, pero, ¿qué sucede, entonces, que los números a este respecto no cambian, no decrecen?

“Naturalmente no me da el entendimiento para asimilar cómo es posible dormir, levantarse y comer tres veces al día viviendo en la dicotomía de ser uno de los países con el mayor número de millonarios en el mundo y a la vez uno de los países con mayor número de pobres en el planeta. Siempre, siempre, la CNTE, Antorcha Campesina, tantos y tantos movimientos sociales que revientan las calles y vulneran la legalidad existente, han hecho de esta herida flagrante de la pobreza un negocio permanente. Porque una cosa es ocuparse de los pobres para que dejen de serlo y otra es conseguir que la secuela de desgracias, necesidades e inestabilidad social que genera la pobreza sea un arma de las organizaciones políticas para encontrar en el presupuesto una razón de existir, en el sentido de hablar pero no solucionar...”, escribió así Antonio Navalón ayer en Reporte Índigo. Es pobreza, sí, pero es más aún la enorme desigualdad de condiciones, incluso éticas, que hacen que nuestro país dé un paso hacia adelante y cinco para atrás. Ayer, escribía sobre las trampas y los tramposos que somos (todos en mayor o menor medida; sí, hasta apartarle el lugar a alguien en la dulcería del cine es hacer trampa, por aquellos que me reclamaron la generalización). En los datos que arrojó el Coneval, encontramos el resultado de éstas, de que la desigualdad no es sólo en materia económica, sino también de poder. México es un país con sus tantos criminales que han encontrado un nicho de oportunidad en las necesidades de la población. Son ellos, y también los otros, los que trabajan en nombre del pueblo, los que se sientan frente a escritorios de secretarías. Es la desigualdad de condiciones, que no sólo socioeconómicas, sino también morales, de aquellos que han convertido en el poder su herramienta de control. Mientras eso siga sucediendo, por más programas y campañas que haya, la brecha de desigualdad seguirá siendo ésta, la misma que permite datos tan radicales de tantos y tan pobres, y de tan pocos, pero tan ricos.

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