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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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24 Marzo 2018 04:00:00
Es por buen gusto
“Es por buen gusto”. Así le contestó un alto representante del Poder Judicial en un estado de avanzada del norte del país a un alto funcionario de la Tesorería al presumirle sus nuevas y lujosas oficinas.

No tienen madre. México jodido y muchas de nuestras autoridades despilfarrando en oficinas, obras de arte y claro, viajecitos VIP.

Por ejemplo, nuestros ilustres senadores siguen pagando boletitos de lujo con nuestra lana. No importa que se hagan escándalos y prometan cambios. todo sigue igual (relea las columnas Vivir del Presupuesto, y Entre Impostores y estúpidos).

Tomemos al senador panista (plurinominal) Héctor Larios Córdova, que en enero del 2017 gastó 98 mil 421 pesos sólo por el boleto de avión para ir a una reunión de ¡cuatro días! de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, en Estrasburgo Francia.

Don Héctor, seguro fue muy importante su junta y estuvo ahí “por buen gusto”, pero le comento que en expedia.com yo encontré en 30 segundos un boleto para un viaje redondo igualito que el de usted, de Hermosillo a París, que cuesta la cuarta parte de lo que se gastó.

Faltan demasiados controles sobre el gasto público. Quizá se ponga algo de lupa a los miembros del Poder Ejecutivo, sobre todo a nivel federal. Por eso sabemos que la Presidencia de Peña Nieto reportó gastos (¿de veras será todo?) por 18 mil 520 millones de pesos en sus primeros 5 años, 24% más en términos reales que Calderón y 34% más que Fox. Por mucho, la más gastona.

Dieciocho mil 520 millones suenan a mucho, pero son apenas el 0.34% del presupuesto del Gobierno federal para 2018. A veces nos enteramos de otros despilfarros, pero de la mayoría no sabemos nada.

Es demasiada plata y la oportunidad de malgastarla es enorme. Por ejemplo, casi nadie voltea a ver al Poder Judicial o a las universidades públicas (¡o a los sindicatos!). Y manejan grandes presupuestos.

Tomemos el caso de la Federación y cinco estados mezcladitos: Nuevo León, Coahuila, Oaxaca, Estado de México y Veracruz.

En este año el Poder Judicial de esta muestra erogará 80 mil 237 millones y sus universidades (incluida la UNAM) la friolera de 61 mil 470 milloncitos. ¿Cuántas oficinitas de lujo o cosas “de buen gusto” se alcanzarán a comprar con esta fortuna?

¿Buen gusto? Méndigos cabritos. Buen gusto sería que:

* La justicia en México fuera expedita y ciega.

* Los investigadores no fueran ineptos o peor, corruptos.

* Las obras se hicieran al menor costo, la mejor calidad y se entregaran a tiempo.

* Se castigara a los corruptos, como sucede hasta con presidentes o expresidentes de otros países. ¿Por qué allá sí y aquí no?

* Todos pagaran impuestos y no sólo 43% de los mexicanos.

* Tuvieran oficinas modestas y gastaran la plata como si tuvieran que trabajar por ella. Por Dios, no es de ustedes.

¿Cómo gastar bien? Igualito que en una empresa:

1. Comparando y decidiendo racionalmente. Ojo, grillos: racionalmente no significa “para que mi compadre luego me deposite mi parte”. Significa: la mejor opción en costo y calidad.

2. Estandarizando. La parte contable importa mucho. Los registros de los gobiernos son desordenados y cambian en el tiempo. Imposible controlar el gasto en medio de un enorme desmadre.

3. Implementando sistemas. Es increíble: pero hay estados “de avanzada” que no tienen sistematizada su contabilidad y registros. Me lo han platicado tesoreros estatales: “las cuentas se llevaban a mano”. Una locura. ¿Por qué lo hacen así? Obvio: en el desorden se roba más a gusto.

4. Haciendo realidad la transparencia. Que sea fácil acceder a los gastos. Que se le pueda dar “doble clic” para revisar y comparar. Ah, y que lo pueda hacer cualquiera. Sin revisión, las ratas seguirán robándose el queso de la ratonera.

Obviamente, meter orden a tanto gasto de tanta dependencia pública es una tarea monumental que llevará muuucho tiempo. Pero si no controlamos mejor la disposición de la poca plata que tenemos para atacar tanto problema, México seguirá atascado.

Ojalá que los candidato(a)s presidenciales le metan lupa a este tema. Si no, “el buen gusto” de los malos funcionarios nos seguirá condenando al subdesarrollo.

EN POCAS PALABRAS

“La honestidad es el primer capítulo del libro de la sabiduría”.

Tomás Jefferson
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