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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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07 Mayo 2017 04:09:00
Es ‘su’ fiesta
La decisión del presidente Donald Trump de restar importancia a la celebración de la Batalla del 5 de Mayo en la Casa Blanca ha sido interpretada como un nuevo desdén del Mandatario norteamericano a México. No es así. El hecho de que esta conmemoración sea en Estados Unidos incluso más lucida que la del 16 de septiembre, lo es por razones totalmente ajenas a supuestas simpatías hacia nuestro país o admiración por la valentía de los soldados mexicanos.

Esto, que causa extrañeza a muchos, no carece de lógica. En realidad, para decirlo en pocas palabras, la victoria de Zaragoza fue, desde la perspectiva de los vecinos del norte, un triunfo importante de Estados Unidos en el que México jugó el papel de pieza en el ajedrez de sus intereses geopolíticos.

¿Por qué regocija tanto a los estadunidenses que el ejército al mando de Ignacio Zaragoza haya humillado a las tropas francesas? Sucede que con la derrota infringida al conde de Lorencez, el general Zaragoza avaló, sin proponérselo –por supuesto– el postulado fundamental de la doctrina del Destino Manifiesto, cuyas raíces se remontan a la presidencia de James Monroe, en 1823: “América para los americanos”.

Tal declaración, que confiere a Estados Unidos un origen divino –pueblo elegido por Dios para diseminar sus ideas en todo el continente–, constituyó el repudio al colonialismo europeo. Así, la Intervención Francesa y las intenciones de Napoleón III de convertir a México en un imperio gobernado por un príncipe extranjero, representaban la negación de la Doctrina Monroe y una grave afrenta al Destino Manifiesto del vecino país.

En tanto acá honramos el heroico comportamiento de nuestros soldados en la encarnizada batalla librada en Puebla, los políticos norteamericanos celebran que México haya demostrado al mundo el rechazo de un pueblo americano a las ambiciones de un país europeo. Ejemplo, según esto, digno de ser imitado por todas las naciones del continente americano.

“América para los americanos” fue un grito que debió resonar en Washington al conocerse el resultado de ls batalla. Frase a la que, en los hechos posteriores se le agregaría, sin escribirla, una cláusula en letra chiquita, igual a las añadidas a ciertos contratos: “América para los americanos… de Norteamérica”.

Porque el Destino Manifiesto, ese supuesto deseo de la divinidad de hacer de Estados Unidos el padre espiritual y político del continente, sirvió para justificar la Invasión Norteamericana de 1846-1848, la cual, como se sabe, costó a nuestro país la mitad de su territorio: Texas, Nuevo México y California.

Años después, en 1898, fue también un buen pretexto para dizque liberar a Cuba de la opresión a la que la tenía sometida España. ¡Fuera Europa del ámbito geográfico que la divinidad ha tenido a bien encomendarnos! Y en Cuba liquidaron la última colonia importante de Europa en América.

De allí que no deba sorprendernos el interés de las administraciones de George Bush y Barack Obama por dar brillantez a la celebración en la Casa Blanca. Ahora, Trump ordenó cambiarla a un local más pequeño, restándole bombos y platillos. Y nada de invitar a músicos o estrellas de cine representantes de México.

Se entiende, el ignorante Trump desconoce la historia de su propio país, y como muchos de nuestros compatriotas, cree que la intención de los gobiernos que le precedieron era hacer un guiño de amistad al vecino del sur. Nada de eso. El 5 de Mayo, según ellos, es la celebración del Destino Manifiesto. Zaragoza, Puebla, Juárez y México les tuvieron y les tienen sin cuidado.
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