×
Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
ver +

" Comentar Imprimir
26 Noviembre 2016 04:00:00
Escamocha de la historia
Eso, y no más, es y ha sido usted, señor expresidente: un bodrio maloliente que al finalizar su mandato cayó a plomo en el desván de la historia, para nunca más.

¿Un recuerdo positivo para la ciudadanía mereció su paso por la Presidencia? ¿Un busto de bronce, un óleo, o al menos el retrato hablado? Desde su caída del poder ya para nada se habla de usted. Ni para mal, señor expresidente, que tal es el destino de los mediocres, y usted lo es de tiempo completo, sin un asomo de carisma y magnetismo
personal.

Usted, encuevado en algún escondrijo de esta ciudad, en silencio bebe a estas horas (¿o ya exalcohólico?) y devora las utilidades que le arrojó su paso por los dineros públicos Y es que su Gobierno fue el de la corrupción y el auge económico de oligarcas que se sirvieron de usted como de un monigote para medrar. ¡Y lo que dio a ganar a los tales, que a su real antojo lo manejaron, dándole a usted tan sólo la vanidad de las primeras planas! Lo que a sus espaldas se habrán reído esos que “haiga sido como haiga sido” instrumentaron una transa monumental para que usted afianzara su mandato y ellos sus ganancias ilícitas.

Execrado en su momento, despreocúpese: ya nadie se acuerda de usted. Si acaso llevó a cabo alguna acción meritoria para el país, ¿qué vale, si fue bautizada con sangre? Porque con sangre escribió usted su biografía personal, y como carnicero va a pasar a la historia. Porque pequeñajo como es, y rencoroso y empecinado (mixtura horrorosa), apenas llegado a la Presidencia decidió, violencia compensatoria, enseñar la mecha corta y exhibir el postizo poder. ¿Qué reportes le llegaban cada día a su escritorio? Catálogos; muertos y heridos. La cosecha sangrienta, señor, a diario dejaba comaladas de viudas y huérfanos, de padres sin hijos e hijos sin padres, de parientes desaparecidos y familias desintegradas en medio del luto, el dolor y las lágrimas. ¿Derechos humanos entre duelo y clamores?

Centenares de pueblos fantasma, en llamas algunos de ellos, generó su carnicería. Cada mañana, señor, su despacho sudaba sangre. Era usted el soberano de la nota roja. La industria del periodismo le vivía agradecida porque las cotidianas acciones de usted fueron la materia prima, chorreante de hemoglobina, del condimento con qué alimentar a unas masas enfermizas de sadismo, de morbo y crueldad. Pero eso sí: misticoide y dogmático, en el oficio de matancero siempre supo invocar a su Dios. Que su Dios aprobaba la carnicería, lo juraba besando la cruz. Horripilante.

¿Malo, perverso, sanguinario por naturaleza? No, sus tamaños no le alcanzaban. Dipsómano y ya. Es usted un adicto al licor que durante los años de su gobierno bien que supo disimular su enfermedad, pero a nadie pasaba inadvertido que borracho activo o pasivo, sus medidas de gobierno parecían obedecer siempre a los consejos de la botella, impartidos de boca a boca. Tantos cadáveres atestiguan su paso por el gobierno, ¡y a usted nadie lo ha agredido físicamente, si no es el licor a sus hígados! Perito en masacres y genocidios, señor expresidente, nada me sorprendería que volviera usted al gobierno, esta vez como asesor de Trump.

En fin, allá usted, pero yo, cándido que no fuera, desde acá le pregunto: ¿duerme tranquilo en su cama, abstemio y en la compañía de una esposa nada agraciada físicamente, por cierto? En cuanto a mí eso fue todo, expresidente G.W. Bush. (Uf).
Imprimir
COMENTARIOS



top-add