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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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03 Agosto 2017 04:00:00
¿Esos tales, aliados?
Hace 4 años, sociedad y Gobierno nos propusimos construir un nuevo México, un México de leyes sobre instituciones sólidas y transparentes (.) Durante los últimos 3 años, el Estado mexicano en su conjunto ha sentado las bases para combatir la corrupción a fondo (.) México le abrió las puestas plenamente a la democracia (Peña).

Explicable me parece el suceso de corte popular que ocurrió el pasado lunes, 24 de julio, si consideramos la influencia que frente a tal acontecimiento ejercen frente a las masas los representantes de los políticos oligarcas y los oligarcas políticos. El salario mínimo que otorgan los industriales y el precio de las mercancías que expenden los grandes comerciantes, ¿los identifican con las masas populares?

Por cuanto al sistema político y sus burócratas cupulares: ¿aliados de las masas unos diputados y senadores derrochadores hasta la náusea? Viajes, bonos, prebendas, sueldos y sobresueldos, todo con los dineros que aportamos todos. ¿Aliada esa cáfila de ventajistas?

El Poder Judicial: ¿aplica una justicia cabal, pronta y expedita? ¿Combate su propia corrupción y la de los otros poderes, tal como ocurre en Guatemala, Panamá, Perú y Ecuador, que mantienen presos a presidentes y expresidentes bandidos? ¿La justicia del Judicial ha echado de la Presidencia a “mandatarios” presuntamente corruptos, como ocurrió en Brasil y Argentina? Frente a los escándalos de Moreiras y casas blancas el Poder Judicial podrá identificarse con el paisanaje? Y la tajante aseveración del humanista: un Estado que no procura la justicia no constituye más que una banda de malhechores. Sin más.

¿Aliado nuestro el titular del Ejecutivo, que en su campaña electorera prometió acabar con la corrupción? ¿No quedaron al descubierto, él ya en la Presidencia, corruptelas semejantes a las de sus antecesores, si no es que las ha llegado a superar? ¿Aliado él del paisanaje?

¿Por qué soportamos semejante situación? Por nuestra ignorancia, mis valedores, por nuestra apatía, por lo bien que funcionan en nuestra contra los opiáceos que nos administra por medio de radio, TV y prensa escrita. Nuestro grado de ignorancia y pasividad se calibra con los resultados del reciente proceso electoral en el Edomex. Qué país. Qué sociedad. Qué trágico.

Para entender cabalmente eso que sucedió el lunes antepasado hay que considerar que el poder religioso está en manos del cardenal Norberto Rivera, a quien Francisco el Pontífice criticó de príncipe uncido al carro del poder político, un cardenal del que el estudioso Bernardo Barranco lo expresa: existe un desencuentro del México moderno con el recetario rancio de un arzobispo gruñón (.) No sólo se le reprochan contenidos tradicionalistas, sino la incongruencia de ser implacable hacia afuera (aborto, homosexuales, parejas gay), pero moralmente laxo al interior de una estructura religiosa colapsada.

Creo que es explicable, por eso mismo, lo que ocurrió en el sepelio de Felipe de Jesús Pérez Luna, narcotraficante al que por desacreditarlo el sistema plantó el alias de “El Ojos”. Por qué las masas se identifican con él y no con los políticos oligarcas y los oligarcas políticos: porque los capos del narcotráfico retan a los corruptos enriquecidos y los doblegan y ponen en evidencia; porque tales personajes hazañosos constituyen los héroes que representan el desquite de unos sectores populares tan débiles que pueden tan sólo aplaudir y acudir al sepelio de los que toman por sus vengadores, “Ojos” y “Chapos” que dan el desquite a unas masas desprotegidas. Porque, destino de pueblos débiles, con el narco, como con “El Chicharito” y Giovanni Dos Santos, nos elevamos a héroes por delegación.

(Lóbrego).
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