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Columnista Invitado
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01 Junio 2018 04:00:00
España turbulencia política



A la marisma europea contaminada de una vacilación que azuza a los inversionistas y encarece el costo del financiamiento externo, se ha añadido otro ingrediente inesperado: Una moción de censura contra el presidente de España Mariano Rajoy presentada por su tradicional oponente político el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

¿Qué es una moción de censura? De acuerdo con el artículo 113 de su Constitución, se puede llevar a cabo la sustitución del mandatario en caso de reunirse los apoyos necesarios (mayoría absoluta) por las distintas fuerzas políticas que conforman el poder parlamentario a favor de otro candidato; el Congreso está formado por 350 diputados, por ende, con 176 votos es suficiente para investirse y luego pasar por el beneplácito del rey Felipe VI.

¿Por qué aconteció súbitamente la propuesta socialista de llevar a cabo una moción? Debido a que la Audiencia Nacional, en la sentencia de la trama Gürtel, convirtió “al Partido Popular en la primera formación política condenada por corrupción en la historia de la democracia ibérica”.

A Rajoy le ha afectado directamente porque pertenece al Partido Popular y dado que, por espacio de una década de investigación, apareció involucrado con algunos de los detenidos (en particular con Luis Bárcenas entonces Tesorero de su partido) condenados a varias décadas de prisión.

¿Qué es el caso Gürtel? Refiere a un amplio entramado de miembros del PP que, junto con grupo de empresarios, entretejieron una red de complicidades para obtener financiamiento ilícito, una caja en paralelo en B, a favor del grupo político para sus campañas y candidatos tanto en Madrid como en Valencia.

El hashtag #UnaMociónPorDignidad recogió aquí en España la animadversión de cierta parte de la sociedad hacia el gobierno de Rajoy y primordialmente hacia el PP, en los últimos años se han ventilado poco más de 60 casos de corrupción alrededor de su gestión.

A las causas judiciales, las sentencias y las renuncias se respira una especie de hedor, una asfixiante corrupción, que amenaza con ahogar a la joven democracia española y poner en riesgo la solvencia moral de sus instituciones.

Hay, además, un visible desgaste de la maquinaria del Estado, una crisis institucional y política, una crisis interna en un cuerpo fagocitado por diversas dolencias a las que se añade el serio desafío independentista que paralizó a Cataluña a lo largo de ocho meses; toda una ausencia de diálogo con el Ejecutivo porque el propio Rajoy cerró totalmente la puerta.


A COLACIÓN
Ha sido la semana negra de los mercados españoles y de otras plazas bursátiles europeas así como de la prima de riesgo, el pasado martes 29 de mayo, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados, esgrimió que la corrupción en el PP ha puesto en juego la credibilidad “en nuestras instituciones”.

“Ningún grupo parlamentario defiende hoy a este Gobierno, hay una crisis reputacional hacia el exterior, por todo lo que se dice allá afuera de nuestra democracia”, enfatizó el líder del PSOE.

En la democracia española, todo es cuestión de aritmética, a ella se acogió Sánchez para presentar su moción de censura y a ella se agarró Rajoy pretendiendo quedarse. El resorte ya sea para uno u otro lado descansó en los votos del Partido Nacionalista Vasco (PNV) beneficiado por los presupuestos de 2018 recién votados hace unos días con un rubro de 540 millones de euros para el País Vasco.

Pero el PNV, contrario a lo que se esperaba, no le dio su lealtad a Rajoy y terminó decantándose por Sánchez tras afirmar él en la tribuna del Parlamento que, de ser investido presidente, respetaría los presupuestos de 2018 “tal y como están” a favor del País Vasco.

Los otros apoyos en pro de la moción fueron ofrecidos también por Podemos (esta vez sin solicitar carteras en el Ejecutivo) y la oportunidad luminosa para partidos independentistas catalanes de acercarse a Sánchez y abogar por los presos políticos.

Una aritmética maldita que ha puesto en la tesitura del olvido al gobierno de Rajoy en el cargo desde 2011, uno que avanzó lento con incapacidades, dificultades, enrocado y ausente de consensos… metido con la cabeza como el avestruz mientras más de media España demanda cambios y sobre todo mecanismos de entendimiento y una limpieza moral entre sus servidores públicos y sus instituciones.

El presente se ha convertido en pasado: todas las variables en juego con una moción, una esperada renuncia y hasta las elecciones generales anticipadas de cara al próximo otoño.

Al interior del Congreso, el socialista Sánchez buscó uno por uno el aval para investirse como nuevo presidente “respetando los presupuestos ahora en trámite”; y acudiendo a solicitar el respaldo de la Cámara “porque el PSOE no puede eludir su responsabilidad” y porque es necesario pedir la remoción de Rajoy “por higiene democrática”.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

@claudialunapale
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