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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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09 Octubre 2016 04:00:00
Espejo del pasado (I)
“Hombre, pueblo, nación, estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela”.

Domingo Faustino Sarmiento. Político, escritor, docente, periodista, militar, estadista y presidente argentino.

El sábado de hace ocho días me reencontré conmigo mismo a la edad de 23. No, no piensen que estoy loco y chiflado –aunque me siento orgulloso de que muchos digan que aparento ambas cosas–, lo que sucedió es que el 1 de octubre, como igual pasó hace 25 años, me reencontré con los jóvenes abogados que en aquella ocasión celebramos su graduación –la mía no, yo tendría que esperar un año más porque concluyendo tercero de carrera me di de baja un año para irme a una especie de misión/retiro con jóvenes de España y América Latina, al que pretensiosamente llamamos “kibutz cristiano”, y del cual les he hablado con antelación– y a mi mente vinieron un cúmulo de sentimientos, preguntas y respuestas no buscadas, que me generaron una confusión, a tal grado, que no sé si pueda plasmarlas correctamente en tan sólo dos cuartillas.

Empezaré por unas cuantas preguntas personales: ¡¿Qué carajos hacía recorriendo el continente como expositor en retiros para jóvenes siendo estudiante de abogacía y más tarde en el mencionado kibutz como misionero, si yo no quería ser ni lo uno, ni lo otro, sino paleontólogo?! ¡¿Qué fue lo que en el proceso me hizo tanto daño que me llevó radicalmente a darle un giro a mi vida de 180 grados al punto de convertirme en electoralista?! ¡¿Por qué si en aquel entonces andaba buscando un reino que no es de este mundo a través de la doctrina cristiana, acabé como abogado de la política, que si bien para mí es también otro tipo de apostolado, viene esta última a ser, si no la antítesis de la primera, sí de lo más alejada a esta?!

¡En fin! Lo cierto es que me volví a encontrar con los viejos amigos y compañeros que hace 30 años iniciamos estudios en nuestra hoy todavía y siempre amada Facultad de Jurisprudencia y, como les dije, mi vida ha cambiado tanto desde entonces, que ni siquiera me di tiempo para asistir a la misa de acción de gracias. ¡Pero eso sí! A partir del brindis me sumé al festejo. ¡¿Cómo me iba a perder la oportunidad de volver a compartir junto a ellos el alcohol en la presentación de vino espumoso, cerveza, ron, tequila y vino tinto?!

Y bueno, cuando estuvimos de nuevo en nuestra alma mater, Edmundo Martínez Treviño nos congregó para pedir que por una sola tarde olvidáramos los distintos roles que nos ha dado la vida: “No importa que seamos magistrados, jueces, abogados postulantes, exitosos empresarios, funcionarios públicos, extraordinarias amas de casa, catedráticos o investigadores: dejemos fuera las vanidades y presentémonos ante quienes aquí estamos y ante nuestros maestros como los jóvenes entusiastas que hace poco más de un cuarto de siglo recibimos de sus manos el título de abogado..”.; y pareciera que sus palabras obraron magia porque, en efecto, a partir de ese momento nos olvidamos de todo lo malo y nos dedicamos a disfrutar de nuevo de nuestros años estudiantiles, como si aún caminásemos por los pasillos de la escuela y decidimos disfrutar la compañía de quienes quizá entonces todavía eran unos desconocidos y en una sola tarde aprendimos a descubrirnos en el otro, a partir del amor que nace de la tolerancia que da la experiencia.

Fue conmovedor escuchar de nuevo el pase de lista con nuestros nombres, pero más emocionante aún fue escuchar a TODOS –sin ponernos de acuerdo– responder “presente” por aquellos que no se encontraban en esos momentos dentro del salón de clase. Y yo no puede evitar, sentándome al fondo –integrante perenne de la FEFA (Federación de Estudiantes de la Fila de Atrás)– levantar mi mano al concluir, para burlarme de Francisco Valdés Rivera preguntando a los maestros si podían ponerle retardo por haber llegado, para variar, a destiempo, como lo hacía cotidianamente siendo estudiante.

Escuchar las palabras de don Mariano Fuentes del Bosque, de don Onésimo Flores Rodríguez y de don Juan Manuel Aguirre Perales no sólo nos llevó de regreso a sus cátedras de Economía y Derecho Civil, Derecho Internacional y Derecho Romano, sino que además nos volvió a sacudir el espíritu, deseándonos éxito perenne, recordándonos qué exitosos ya somos por el sólo hecho de estar ahí –algo absolutamente cierto, ya que si bien nos graduamos cerca de 80 alumnos, cuando empezamos en cada sección de primero habría entre 80 y 90 estudiantes– y también para recalcar nuevamente que si bien vivimos tiempos difíciles, el presente y el futuro de la patria siguen dependiendo de nosotros, porque sólo el Derecho y el profesionista de la justicia pueden devolverle rumbo al país, cerrando con la manifestación de fe de vernos de nuevo una vez cumplidos, otra vez, la misma cantidad de años.

(Continuará).

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) / @jgmvalero
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