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Dan T
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02 Agosto 2018 04:08:00
Estaba Bartlett un día…
Estaba Bartlett un día recordando sus días de gloria como priista cuando, de pronto, sonó el teléfono:

–Está usted llamando al Parque Jurásico ex tricolor, ¿con quién quiere hablar?

–Con Manuel Bartlett.

–Soy, yo. ¿Quién habla?

–¿Cómo que quién habla, Manuel? ¡Soy Andrés Manuel!

–¿Andrés Manuel? Me suena, me suena, me suena.

–Sí, soy el de Tabasco. El que habla lento. ¡El que ganó la Presidencia, hombre!

–¡Ah, sí!, claro, perdóname tocayo. ¿Para qué soy bueno?

–Quiero que formes partes de mi gabinete.

–¡Uy, no! Con los sueldos de miseria que vas a pagar, ni pa las levantadas temprano alcanza.

–Tienes 82 años, te despiertas a las 5 de la mañana todos los días, payaso.

–Bueno, eso sí. ¿Quieres que regrese a Bucareli y ponga orden en el país con mano de hierro? No sabes: sé aplicar el tehuacanazo, el pocito, los toques en los testículos, arrancar uñas... yo soy de la vieja escuela, pero efectivo. Sé que la prensa fifí te pone de malas, no te imaginas lo que le sé hacer a los periodistas incómodos.

–Mmmmh, suena tentador, pero no, no te quiero para Gobernación.

–¡Ya sé! ¿Quieres que regrese a la SEP? La educación con sangre entra y, bien lo sabes, esa es mi especialidad. Cuando fui secretario, no hubo huelgas ni desmadres. Todo lo tenía bajo control. ¿Has oído hablar de Elba Esther Gordillo? Salinas y yo la inventamos.

–No, no, no Manuel. A la maestra ya la tengo feliz y contenta. En realidad para lo que te quiero es para que seas el director de la Comisión Federal de Electricidad.

–¡Ah, chinga! Pero si yo ni siquiera sé cambiar un foco. Yo sé de electricidad lo que tú sabes de economía, Andrés Manuel: ¡nada!

–¡Pues por eso!

–No te entiendo.

–Mira, la CFE ya está quebrada. Como empresa no sirve para nada, pero obviamente yo no puedo cerrarla porque se vería como una cosa muy fea. Entonces, te pongo a ti, tú haces lo que creas que es mejor, electrocutas las finanzas de la CFE, la fundes como fusible ¡y la cerramos!

–Oye, pero voy a vivir toda mi vida con el descrédito de haberle dado en la madre al patrimonio nacional.

–¡Ni tanto!

–¿Cómo que ni tanto!

–Digo, ni tanto que fueras a vivir. Nomás te quedan unos añitos.

–Bueno, pues eso sí.

–Entonces, ¿le entras? Ándale. Imagínate qué tan desesperado estoy que te lo estoy pidiendo... ¡a ti!

–No, pues viéndolo así, sí debes estar muy desesperado, Andrés Manuel. Está bien, ¡acepto!

–Toques, joven, toqueees.

¡QUÉ LOCOS!

Estaban tres locos platicando en el manicomio sobre qué era lo más rápido que existía en el mundo:

–Lo más rápido –dijo el primero– es el rayo: primero lo ves y, mucho después, lo escuchas.

–No, no. Lo más rápido es la luz: apenas aprietan el botón, se prende el foco.

–¡Están locos! –dice el tercero– Lo más rápido es la diarrea: el otro día me dio diarrea, corrí como rayo al baño y cuando prendí la luz... ¡ya me había cagado!

Si quieres ver locos en acción, date una vuelta por el PRI en estos días. Unos están locos de tristeza por la derrota en las elecciones, otros están locos tratando de conseguir chamba para el próximo sexenio y los más locos están pensando cómo renovar al partido.
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