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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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08 Abril 2018 04:09:00
‘Estado de derecho’, del dicho al hecho
Por fin arrancaron, formalmente, las campañas electorales, y algunas personas, ingenuamente, montaron en el renuevo sus esperanzas de momentos mejores.

En otros tiempos ya se sabría, a estas alturas, quién sería el próximo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, pero después de la alternancia, el desencanto ha transitado hacia una incertidumbre que quiere parecerse (me temo que infructuosamente) a la democracia.

En los hechos es una sensación equívoca, porque ya se sabe que la democracia no es un proceso electoral, sino una manera de gobernar y administrar la “cosa pública” garantizando el respeto y la integración de todos en el marco de una igualdad justa y equitativa en el reconocimiento y el ejercicio de las libertades, eso que llamamos, las más de las veces sin entender bien a bien que significa la frase, “derechos humanos”.

A pesar de ello, las contiendas se han concentrado en exhibir los trapos sucios de los contrincantes y exaltar la honradez propia, a pesar del discurso que exige programas y propuestas de fondo a los que compiten.

Se han planteado exigencias a los candidatos desde sectores privilegiados de la sociedad civil, como Coparmex, que entre otras cosas plantea la necesidad de garantizar el “estado de derecho”, lo que está muy bien si se sustrae la frase del discurso y se reflexiona sobre el tema, porque el “estado de derecho” es un modelo al que la estructura jurídica mexicana responde bien cuando se atiende al modelo, pero se aleja, generalmente, de su actualización a la hora de los hechos.

Eso es especialmente grave cuando falla en el cometido quien tiene, en primer lugar, la misión de garantizar esa plataforma básica para que las sociedades florezcan y fructifiquen, por eso es ineludible recordar que el “estado de derecho” no se pregona, se construye, tarea en la que, a la vista está, se ha fracasado, en los hechos, en este país.

Alguien dijo, y un cierto consenso se generó en torno a la idea, que la constante en estas campañas sería el tema de la corrupción, y no erró.

Los candidatOs parecen trenzaos en ver quién es y quién no corrupto, cuestión que aderezan con promesas, no siempre factibles y verosímiles, sobre dádivas y soluciones cuyos perfiles no concretan.

Mientras tanto, la víspera misma del inicio de las campañas, en la residencia de Los Pinos se oían, sonoras y contundentes, las palabras del ombudsman nacional, tras un breve recuento de la situación alarmante, que ya no siquiera precaria, de las condiciones que privan para los ciudadanos en materia de violencia y acoso a sus libertades: “Sin seguridad, jamás habrá una vigencia real de los demás derechos fundamentales”.

La falta de respeto a las normas, la Constitución a la cabeza, ha ocasionado una “institucionalidad débil”, según bien dijo González Pérez en Los Pinos, para concluir diciendo: “Las y los mexicanos no podemos seguir limitando nuestro destino y planes de desarrollo profesional y vida personal al miedo, a la desconfianza, a la incertidumbre”.


A pesar de la evidente y profunda brecha entre lo que se dice, se hace y se debe hacer, no se oye de ningún candidato propuesta alguna sobre el efectivo respeto al derecho, sin pretender hacer de él un traje a la medida, como suele suceder.

Traigo a colación algo con lo que me topé en Twitter hace unos pocos días: un connotado jurista, magistrado federal, dijo: “Si algún candidato tuviera entre sus propuestas acatar lo que dice la Constitución, sin reformarla, tendría mi voto seguro”.

Yo lo secundo y, como lo comenté en su oportunidad y en ocasión de ese tuit, comento ahora: Con eso bastaría para hacer de nuestro país el lugar civilizado, próspero y justo que todos decimos querer y algunos en realidad queremos.

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