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Gabriel Martínez García
Gabriel Martínez García
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Editor de la sección de Negocios de Periódico Zócalo Saltillo

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14 Agosto 2017 04:00:00
Están acabando con el Centro
Mientras siguen llegando plazas comerciales, tiendas de autoservicio y una gran cantidad de nuevos negocios a la periferia de Saltillo, la actividad comercial en el Centro sigue en picada, en caída libre.

Parece ser que las autoridades municipales están empeñadas en acabar con el comercio en el primer cuadro de Saltillo, ese parece ser su objetivo, porque de otra manera no hay explicación alguna que justifique el descuido, falta de mantenimiento y la marcada indiferencia hacia esa zona.

Y lo más grave es que siguen cometiendo garrafales errores en las obras que han ejecutado en el Centro Histórico, como la remodelación de las calles Aldama y Allende, y ahora la desastrosa repavimentación de diversas arterias clave.

La constante en las tres obras ha sido la utilización de materiales de muy baja calidad, personal sin conocimiento de los temas y, lo más patético de todo, la falta de planeación, pues no desarrollan un programa de obra con tiempos y avances definidos.

En todas esas obras trabajan unas cuantas horas al día, sin laborar los fines de semana, sin respeto alguno por vecinos, comerciantes, compradores, peatones y automovilistas,  que enfrentan infinidad de problemas ante la indiferencia de las autoridades y el valemadrismo (disculpando el término) de quienes ejecutan.

Pedir que el alcalde Isidro López Villarreal ponga atención al tema es perder el tiempo porque ha quedado demostrado que los problemas que afectan a los ciudadanos le interesan un reverendo cacahuate. Aquí lo lamentable es que los reclamos de la Cámara de Comercio y de la Unión de Comerciantes Unidos del Centro no pasan de simples declaraciones.

No hay exigencia, no hay presión, no hay tampoco una verdadera representación, mucho menos acciones o manifestaciones de desacuerdo con la autoridad, como si todo estuviera bien en el Centro de la ciudad, el cual parece estar destinado a desa-parecer ante tanta indiferencia.

Y si las cámaras y organismos no defienden a sus afiliados, qué pueden esperar los ciudadanos, cuyos diputados y regidores están más ocupados en los botines políticos que en los asuntos que deben ser su principal obligación, que son todos aquellos que afectan a sus representados.
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