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Jorge Castañeda
Jorge Castañeda
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21 Julio 2016 04:00:50
Estrategia de Trump y Clinton
Ya Donald Trump es el candidato oficial del partido Republicano a la Presidencia de EU. Concluyó la convención de ese partido, con los gritos y sombrerazos que la caracterizan, con algunos aciertos de Trump –los discursos de sus hijos– y algunos tropiezos más o menos significativos, como el plagio realizado por los redactores de la intervención de su esposa. Quienes, aún pensando en la Virgen de Guadalupe, suponían que algo podía suceder que impidiera que el representante del resentimiento, del racismo, de la xenofobia y de la mala vibra llegara a candidato, tendrán que resignarse.

La semana que entra tendrá lugar la convención demócrata y esa terminará postulando a Hillary Clinton a la Presidencia, y de esa forma más o menos se confirmará lo que ya se veía en las tendencias desde hace unos meses.

Esta vez la contienda se desarrollará de manera diferente a otras elecciones norteamericanas en el pasado. Tradicionalmente, en un país bipartidista como Estados Unidos, los dos electorados se suelen encontrar relativamente definidos, y el pleito se da en el centro, es decir, por aquellos votantes llamados indecisos, o switchers.

Los dos aspirantes buscan correr al centro y capturar a esos indecisos. Quien lo hace mejor gana; quien fracasa en este intento pierde.

Sin embargo, gracias a la tecnología de Big Data y de Analytics, y a la polarización del electorado norteamericano, se supone que ese electorado indeciso se redujo a tal grado que ya no se puede ganar una elección ahí. Y por tanto, la estrategia victoriosa necesariamente se centra en la participación electoral de la base propia, o de lo que aquí llamamos el voto duro. Toda la elección se reduce a la participación, o en el “turn out”. Parafraseando a James Carville, el asesor de la primera campaña de Bill Clinton, es el “turn out, estúpidos”.

Gracias a nuevas tecnologías y a modelos matemáticos cada vez más complejos, las campañas pueden ubicar perfectamente bien a cada votante perteneciente a su base histórica y definida: edad, género, nivel de ingreso, nivel educativo, origen étnico, religión, temas que le son importantes, preferencias ideológicas, sexuales, culturales. Sabiendo entonces con toda precisión y certeza quiénes pueden votar por el candidato, se trata de convencerlos de que acudan a las urnas el día de los comicios. Si el trabajo técnico se hace bien, si la logística funciona y si el candidato despierta el entusiasmo y la pasión necesaria entre su electorado para que este acuda a las casillas, se gana, si no, se pierde.

Por eso la campaña va a ser especialmente intensa, apasionada y estridente. No se trata de convencer a otros, se trata de movilizar a los propios. Entre más insultos a los mexicanos, los musulmanes, los chinos y otros enemigos de Trump que logren identificar, más probabilidades tendrá él de ganar. En cambio, mientras más se cargue Hillary a hacer posiciones de izquierda que entusiasmen a sus votantes, mayores oportunidades tendrá ella. Estaremos ante una contienda muy conflictiva.
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