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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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09 Enero 2018 04:00:00
Estrategias sucesorias
En las sucesiones de 2011 y 2017 la estrategia consistió en perfilar desde un principio las candidaturas de Rubén Moreira y Miguel Riquelme, para lo cual se trazaron alianzas y se cerraron espacios a otros aspirantes de Saltillo y La Laguna. Ambos formaron parte de la LXI legislatura junto con Luis Videgaray y Alfonso Navarrete, operadores y hombres de confianza de Peña Nieto. Riquelme ocupó diversas carteras en la Administración de Moreira y luego fue alcalde de Torreón, su plataforma para la Gubernatura.

Rubén Moreira convirtió a Torreón en sede alterna para apuntalar su proyecto sucesorio. Hasta 2012, la ciudad figuraba entre las más peligrosas del mundo por la presencia de cárteles de la droga que se disputaban el territorio. Una de las metas del tándem Moreira-Riquelme fue abatir los índices de violencia e inseguridad, lo cual se logró con el apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional. Otra de las demandas era atraer inversiones y empleos a La Laguna, los cuales también empezaron a fluir.

Sin embargo, el deterioro de Torreón en otros sectores aumentó. El pavimento es pésimo y las lluvias inundan la ciudad y evidencian la necesidad de un sistema de drenaje pluvial. Frente a esos requerimientos, una de las obras más cuestionadas fue el teleférico –inaugurado el 7 de diciembre–, al cual se destinaron 170 millones de pesos. Saltillo, en cambio, mantuvo en buen nivel sus servicios públicos y en 2016 se consolidó como una de las mejores ciudades del país para vivir, junto con Mérida, de acuerdo con un estudio de Gabinete de Comunicación Estratégica.

A pesar de las frecuentes giras de Rubén Moreira por Torreón, las relaciones con la sociedad civil siempre fueron tensas. Las demandas para investigar la deuda por más de 36 mil millones de pesos y las empresas fantasma, a las cuales se desviaron más de 410 millones, jamás tuvieron respuesta. El Gobierno tenía el control territorial y de los programas sociales, pero la participación ciudadana rebasó su voto duro. El PAN ganó la Alcaldía con Jorge Zermeño, quien captó más sufragios que Guillermo Anaya y Riquelme en el municipio, así como las cuatro diputaciones locales.

En Saltillo, donde el PRI tiene mayor dominio sobre la estructura electoral, Riquelme superó a Anaya y Manolo Jiménez recuperó la Alcaldía en poder del PAN. Descartado Isidro López Villarreal de la competencia por la Gubernatura, los poderes fácticos de la capital se decantaron por el candidato lagunero del PRI, cuyo coordinador de campaña y ahora secretario de Gobierno, José María Fraustro, sirvió de enlace con los grupos empresariales y de esa manera neutralizó a Guillermo Anaya.

La Laguna ocupa el poder estatal por primera vez después de medio siglo, con alguien ajeno a las élites políticas, pero la derrota del PRI en Torreón el 4 de junio obliga a Riquelme a revisar estrategias y a replantear sus relaciones con la sociedad. Los liderazgos priistas se han debilitado y la falta de actores relevantes expone a su Gobierno. En ese contexto, el exalcalde Eduardo Olmos regresó al gabinete y Salvador Hernández Vélez se perfila para rector de la UAdeC.

Los políticos capitalinos con proyecto para futuras elecciones son José María Fraustro; Enrique Martínez y Morales, quien colaboró con José Antonio Meade, precandidato del PRI a la presidencia, en la Secretaría de Hacienda; el diputado Jericó Abramo Masso, expresidente municipal de Saltillo; la senadora Hilda Flores, presidenta del Organismo Nacional de Mujeres Priistas; y el alcalde electo de Saltillo, Manolo Jiménez. ¿Cuál será la estrategia para la próxima sucesión?
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