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Lulú De Koster.
Lulú De Koster.
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Es periodista, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC (1995). Ha sido Premio Estatal de Periodismo, colaboradora en redacciones de periódicos locales, editorialista, productora y conductora en medios de comunicación electrónicos. Actualmente es integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción (Coahuila) y los comentarios aquí vertidos son a nombre de la autora.

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05 Septiembre 2018 04:00:00
Ética entre universitarios
Ser universitario no es solamente llenarse de orgullo por su alma mater, porque también implica ser un ciudadano honesto.

La honradez, la transparencia y el profesionalismo entre los estudiantes es un tema que interesa a los que dirigen las políticas internas en las escuelas de nivel superior y posgrado, ya sea instituciones públicas o privadas en Coahuila.

¿Cuántas veces ha escuchado que un alumno ofreció un obsequio a un maestro o maestra para alcanzar el puntaje y evitar un examen extraordinario? ¿O que directivos de universidades buscan concretar convenios o firmar fideicomisos de obra pública o ampliación de inmuebles en el plantel con intención de desviar recursos públicos?

La transparencia y, claro está, la designación por competencias en áreas como contralorías, las tesorerías, la oficina de compras, etcétera, en las universidades, evitarán de alguna manera que el dinero que recibe un plantel sea utilizado con fines ilegales o de franca corrupción, como en el más reciente escándalo en México conocido como “La Estafa Maestra”, que involucró dinero público que fue supuestamente desviado a través de 11 dependencias, como la Secretaría de Desarrollo Social y Petróleos Mexicanos, así como universidades que cumplieron un rol determinante en este, que fue señalado por los medios de comunicación como un evidente acto de deshonestidad que aparentemente sigue impune.

Los y las alumnas de nivel superior en Coahuila y en el país representan una gran oportunidad para erradicar o controlar la corrupción –como lo señalan algunos especialistas– y de fomentar las buenas prácticas en las escuelas, así como de la implementación de una contraloría social, ser alumnos “vigilantes”, promotores de la honestidad e incentivar el desarrollo de mecanismos para dejar de normalizar la corrupción desde las aulas en esta entidad.

Y ni qué decir de una crisis de ética que permiten maestros en universidades, como lo señala en su artículo Conductas no Éticas en el Ámbito Universitario su autora, la doctora Ana Hirsch Adler, investigadora de la UNAM, que advierte que en el caso de los profesores: “…no tratan con respeto a las personas que participan en sus investigaciones, alteran los datos, obligan a investigar algo sólo porque a ellos les servirá para aumentar su prestigio profesional, no dan el crédito correspondiente a los alumnos que participan en la investigación, se aprovechan de los alumnos para hacer sus investigaciones (sic)”.

No basta con que los titulares de área o directores y rectores hagan pública su declaración patrimonial, de no conflicto de interés o su declaración fiscal, sino que vayan más allá. Incidir con el claustro de maestros, alumnos y personal administrativo y/o sindicalizado para impulsar códigos de ética y honestidad, y aumentar el lenguaje en positivo que revierta actos de corrupción o abuso en las escuelas y campus universitarios.
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