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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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27 Junio 2015 04:06:48
Evaluación docente
Algo que debiera ser considerado como actividad normal dentro del espacio educativo se vuelve aspecto polémico y elemento de encono. Y ello ocurre por los errores políticos que se han venido cometiendo a lo largo de todo el proceso de la reforma educativa, por la falta de impulso a otras acciones fundamentales que se requieren en el sistema educativo mexicano y por la inexplicable y prepotente intervención de oscuros personajes de la vida política y económica de la nación.

De entrada, debo subrayar que la gran mayoría de los docentes en nuestro país no tiene temor a evaluarse; más aún, los profesores mexicanos tienen años presentando exámenes y en muchísimos de los casos con excelentes resultados.

Y dicho lo anterior, entonces, cabría preguntar ¿a qué se debe la molestia de un amplio sector del magisterio?

Por un lado, al tono punitivo del proceso de evaluación. Ahí ha estado el acento y no en un diagnóstico que pretenda reflejar fortalezas y debilidades, que a su vez se hiciera acompañar por importantes acciones de actualización. En el papel existen tales acciones, pero sin presupuesto difícilmente se llevarán a cabo.

A su vez, implica enojo que no se muestre el mismo interés de la autoridad para responder a cuestiones vitales para la buena marcha de una institución educativa, como lo es, por ejemplo, la disminución de alumnos por salón de clases. Puede usted tener al mejor maestro, pero difícilmente obtendrá un gran resultado con 55 alumnos en un pequeño salón de clases.

Así mismo, se precisa de una mayor pericia política. En ese sentido hay que señalar el gran desconcierto causado por el anuncio que hizo el Gobierno federal sobre la suspensión indefinida de la evaluación. Fue a todas luces un mensaje ligado al proceso electoral, mensaje que ensució la propia elección, generó y sigue generando desconcierto en el sector educativo e incrementó la descalificación hacia la autoridad. Tampoco ayuda el tono de los discursos y mensajes del secretario de Educación, alguien debiera recordarle que la forma es fondo. A todo ello hay que sumar el empoderamiento de Mexicanos Primero y de los personajes y medios de comunicación que se encuentran detrás de dicha organización, y que exigen en todo momento que –para bien de sus intereses– sus opiniones marquen el rumbo de la educación en nuestro país. Y agregar además, por si fuera poco, la estrategia gubernamental que implica debilitar a las organizaciones sindicales, especialmente al SNTE, desapareciendo –por ejemplo– comisiones mixtas SEP-SNTE, que le daban sustento al trabajo conjunto y tranquilidad a los trabajadores de la educación. A final de cuentas, dicha estrategia de ataque al sindicalismo lo que hace es debilitar paradójicamente la vida institucional y generar un caos social.

En fin, y no solo por lo que determinó la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el magisterio mexicano seguirá evaluándose y sobre todo continuará preparándose en aras de ofrecer su mejor esfuerzo con la finalidad de formar con calidad a las nuevas generaciones. Urge del Gobierno que ofrezca alternativas de actualización a la altura en cantidad y calidad de la oferta educativa que exige el magisterio para reforzar sus conocimientos. Por cierto, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación está poniendo el ejemplo al Gobierno al presentar el Sinadep, un sistema de educación para apoyar a los educadores en su interés por mejorar académicamente.

También hay que invertir muchísimo más en las escuelas de Educación Normal. Si hablamos de presupuesto, las escuelas Normales están en un tercer nivel, por debajo de los Institutos Tecnológicos y muy lejos de los recursos que reciben las universidades públicas de nuestro país.

Urge conocer con precisión la evaluación de las condiciones en las que trabaja cada centro escolar: instalaciones, material didáctico, número de alumnos por maestro, número de personal de apoyo, calidad en las relaciones laborales del personal directivo y docente y saber los tiempos para mejorar dicha situación. Otorgar una calificación a cada uno de los rubros y obvio, tomar cartas en el asunto.

UN BUEN NEGOCIO

Muchos amparos, pocos resultados. Amparos que cuestan, que en muchos de los casos pagaron los docentes. Abogados que obtuvieron beneficios y que repartieron porcentajes.
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