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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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01 Abril 2018 04:07:00
Fanáticos
Partidos contrarios a Morena, voceros gubernamentales, cónclaves de banqueros, economistas estadunidenses, expertos en finanzas y analistas, tanto extranjeros como nacionales, insisten en señalar los graves problemas que enfrentaría el país de triunfar Andrés Manuel López Obrador el próximo mes de julio. A pesar de que AMLO ha moderado su discurso hasta colocarse en el extremo derecho del cuadrante ideológico, según lo señaló en una entrevista el respetado Roger Bartra, algunos pronunciamientos del tabasqueño siembran inquietud en amplias capas de la población que esgrimen buenas razones para fundamentar la desconfianza.

¿Es todavía López Obrador un peligro para México, como lo tildaron tiempo atrás? Tal vez, pero observando la actitud y el comportamiento de un buen número de sus seguidores, la respuesta, sin duda, es afirmativa. Ante este fenómeno, cabe preguntar: ¿quién resulta más peligroso para el futuro de la nación: el abanderado de Morena o quienes lo apoyan?

Quizá se piense que esto es una barbaridad, pero en lo personal, me causan más temor ciertos lopezobradoristas que el mismo candidato de Morena, porque el abanderado de la coalición de partidos Juntos Hagamos Historia no tiene simpatizantes ni seguidores, tiene fanáticos. Y los fanáticos, a los que guían los sentimientos, no la razón, son capaces de las más terribles barbaridades en defensa de la que creen es “su causa”.

Diversos opinadores profesionales han externado su extrañeza por la aparente invulnerabilidad de ALMO. Diga lo que diga, haga lo que haga, sus fanáticos no oyen, no ven, no razonan, mucho menos cuestionan. Puede designar al impresentable Germán Martínez –“sapo”, lo llamó un lopezobradorista de hueso colorado, Paco Ignacio Taibo II– candidato a una senaduría plurinominal. También es capaz de establecer alianzas con el Partido Encuentro Social, una agrupación política salida de las catacumbas, y tampoco eso le resta simpatías –¿debí escribir adoración en lugar de simpatías?– de quienes lo veneran.

Hace años, Enrique Krauze calificó de mesías tropical al candidato de Morena. Es posible que el mote no se ajuste del todo a la personalidad del AMLO de hoy, pero desde la perspectiva de los lopezobradoristas, el calificativo es impecable. Probablemente él no tenga en el fondo un carácter mesiánico, pero resulta indudable que hay quienes lo consideran un ser providencial, reencarnación de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, portador de la verdad venido desde Tabasco a estas tierras para salvar a la Patria.

Tales sentimientos cuasi religiosos entrañan, sí, un gravísimo peligro. Nadie sabe de lo que es capaz un fanático. Andrés Manuel predijo que de no haber elecciones limpias, confiables, se “soltaría el tigre”, y que en esta ocasión él no se ocuparía de amarrarlo. La metáfora, de la que Porfirio Díaz podría alegar derechos de autor, es una clara amenaza y, además, una manifestación monstruosa de egolatría al considerarse el único capaz de aplacar a su rebaño.

Otra característica de ese fanatismo es el hecho de que los adherentes a Morena ven desde ahora a López Obrador en la silla presidencial. Si bien las encuestas le dan una ventaja considerable sobre el resto de los aspirantes, los amloistas no “confían” en que ganará las elecciones; ellos “saben” que las ganará. Certezas propias de fanáticos, insisto.

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