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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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28 Noviembre 2015 05:06:46
Felipe de Alba Galván: la construcción de un sueño
La lucha sindical, social y política de mediados del siglo pasado implicaba poner en riesgo el empleo, la seguridad personal y familiar, la libertad y hasta la propia vida de los líderes de los trabajadores. No eran tiempos sencillos, requerían de grandes hombres y mujeres, de gente valiente, generosa, decidida; se necesitaban soñadores.

En el sector educativo todo se estaba construyendo; y en función de los derechos de los trabajadores, nada estaba ganado. Se conjugaba la lucha sindical en aras de lograr los derechos elementales para los trabajadores, con la búsqueda de una fortaleza en el propio sistema educativo.

La situación de los trabajadores federalizados era difícil, quizá muy complicada, pero sin duda muchísimo mejor que la que tenían los educadores estatales y municipales.

Treinta años después de constituirse el sindicato, las huelgas seguían siendo práctica frecuente de los maestros estatales. Las razones eran muy sencillas: falta de pago durante meses y meses.

Durante varios lustros los docentes coahuilenses carecieron, entre otras muchas cosas, de un servicio médico y un sistema de pensiones.

Más aún, la estabilidad laboral era sumamente frágil. Las profesoras podían perder el empleo si es que cometían el “error” de embarazarse.

En ese contexto de dificultades sobresalieron algunos maestros coahuilenses agremiados a la Sección 38. Uno de ellos, uno de los más grandes fue el profesor Felipe de Alba Galván, hombre de carácter, carisma, valentía y visión política; de humilde cuna, de corazón fuerte y generoso, con gran vocación de educador y enorme pasión por el sindicalismo magisterial, un soñador en cuyos sueños se incluía la prosperidad de sus compañeros.

Don Felipe de Alba fue en 1944 el primer secretario general de la Sección 38 (en aquel tiempo denominada Sección 35) y luego de varios años de docencia volvió nuevamente a la dirigencia seccional, primero como secretario de Organización y en 1965 por segunda ocasión como secretario general seccional.

En su primera etapa la construcción de la Sección era la prioridad; en el segundo momento, el gran objetivo era la consolidación de la organización sindical.

Salvo un par de años en La Laguna, todo su quehacer docente y directivo lo de-sempeñó en la Región Norte de Coahuila: espacio geográfico que se convirtió en su tarea y responsabilidad sindical, en su bastión político.

Valga señalar que en esos años y en razón a su liderazgo ocupó la Presidencia Municipal de Allende, Coahuila, y previo a ello, la Secretaría del Ayuntamiento de dicho municipio.

Junto con Nicéforo Rodríguez, Severino Calderón y Ramón Ortiz Villalobos formó el grupo sindical más importante del magisterio estatal desde los años 30 hasta cerca de la década de los 70. La sección 38 se constituyó como una gran sección sindical por el impulso que le dio tal equipo político.

Don Felipe fue siempre el líder sencillo, generoso, humilde, soñador. Su compromiso con su querida Sección 38 fue indiscutible. Su vocación de formar nuevos liderazgos le llevó a conservar una gran influencia, incluso después de varios años de haberse jubilado.

Le conocí en 1988, en la lucha por proteger a la Sección, por reivindicar al magisterio estatal, por defender una idea y un proyecto.

En el Movimiento Reivindicador destacaba por su sabiduría, por la energía, por el carisma, por el enorme liderazgo, por la sencillez que tienen los más grandes, los más auténticos.

Su familia es de maestros, sin duda siempre orgullosa del nombre y el legado del primer dirigente de la Sección 38, de uno de los grandes personajes del sindicalismo coahuilense, de un soñador que luchó por hacer realidad sus ideas y proyectos. Su familia es nuestra Sección 38.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) / cmoreira38_5Felipe
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