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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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19 Septiembre 2017 04:00:00
Feminicidios, una epidemia en aumento
Desde hace más de una década que el atentado hacía las mujeres en el mundo cada vez se ha hecho más latente; no sólo la bajeza de atentar contra su persona de manera física, moral, sicológica e intelectualmente sino terminar de una manera ruin con sus vidas. “La Bagdad del Río Bravo” fue el nombre acuñado para Ciudad Juárez, ciudad que se hizo famosa por sus muertas. Fue el año de 1993 cuando comenzó la oleada de muertes de mujeres que incluso en ese año fue necesario acuñar una palabra: FEMINICIDIO.

De acuerdo con un reportaje realizado por el periódico El País, el término feminicidio denuncia la violencia machista, donde el odio a la condición de mujer es el principal motivo que impulsa al perpetrador a ser violento. Un feminicidio no es un simple homicidio, sino el ataque deliberado por la condición de género. Siete mexicanas son asesinadas cada día, sólo un 25% de los casos son investigados como feminicidios, de acuerdo a información del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

Resulta indignante que hasta en los círculos de la intelectualidad mexicana haya complicidad para encubrir sentimientos de odio y acciones contra la mujer que la gran mayoría de las veces suelen terminar en asesinato. Tal es el caso del recién occiso Perelló Valls, quien en una de las emisiones de su programa se dirigió con un lenguaje que normalizaba la violencia de género y se oponía al concepto de equidad e igualdad. Defendía con una actitud petulante y narcisista la actitud de unos jóvenes de Veracruz que violaron a una joven. Es obligatorio mencionar que detrás de un feminicidio se encuentra una cultura de discriminación, de misoginia; en general esto es una culpa compartida que va desde la cultura de las sociedades hasta actitudes que se generan desde las familias. Está demostrado que el asesino de mujeres piensa que el cuerpo de las mujeres les pertenece, que las mujeres en sí mismas les pertenecen, por eso cuando se cometen este tipo de actos, les quitan todo símbolo de humanidad.

El fuego que nunca ceso, apareció con mayor intensidad el día que Mara Castillo fue asesinada en nuestro país. Mara nació en Veracruz, pero se mudó a Puebla para estudiar Ciencias Políticas. Miles han protestado por el feminicidio de Mara Castilla. El pasado 8 de septiembre salió de un bar en Cholula. Era poco después de las 5 de la madrugada cuando Mara decidió ir a casa y pidió un taxi del servicio Cabify. A partir de ese momento se le perdió la pista.

“No sólo es el asesinato de Mara, es el asesinato de muchas mujeres en el país y es imprescindible que hagamos escuchar nuestra voz”, fueron las voces en una de las marchas que se dieron cita en la protesta que se hizo hace un par de días en la Ciudad de México. Condenemos y alcemos la voz ante actitudes que subordinan el estatus de las mujeres en la sociedad. Hoy en día, la pobreza, la privación y el temor de represalias hacen que sea difícil para las mujeres resistirse o quejarse. Como humanos repudiemos las relaciones de poder que sólo sirven de pivote permanente de la agresión hacía la mujer.
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