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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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03 Septiembre 2017 04:03:00
Filosofía en Saltillo
‘Deberías estudiar filosofía aunque no tuvieras más dinero que el que hace falta para comprar una lámpara y aceite, ni más tiempo del que va desde la medianoche hasta el canto del gallo”. Friedrich Hölderlin, poeta alemán

Durante las vacaciones de verano, para ser puntuales, durante el mes de julio pasado, tuve la oportunidad de vivir una experiencia extraordinaria en todos los sentidos. La Secretaría de Cultura de Gobierno del Estado organizó durante cada sábado del mes un Taller de Discusión Filosófica dirigido por el saltillense, avecindado en el estado de Nueva York, Estados Unidos, Jesús Humberto Aguilar Esparza.

Y ¿quién es dicha persona? “Gali”, como lo conocen sus amigos (él mismo nos explicó en el taller que dicho sobrenombre, apócope de “Galileo”, le fue dado por sus maestros y compañeros desde pequeño, dada su innata tendencia no sólo a cuestionarlo todo, sino sobre todo a encontrar respuesta para todo, relacionado obviamente con Galileo Galilei, sabio renacentista italiano, pionero del método científico experimental e impulsor de la teoría heliocentrista del Universo) es doctor en Filosofía por la Universidad McGill de Montreal, Canadá; actualmente es encargado del departamento de dicha ciencia en el Instituto Tecnológico de Rochester, centro educativo ubicado en Henrietta, Nueva York, un suburbio de la ciudad que le da nombre al propio Instituto y que, curiosamente, tiene como antecedente El Ateneo de Rochester.

Jesús Humberto, además, ha procurado enfocar sus investigaciones y estudios en un amplio espectro de temas de Filosofía de la Acción, Filosofía de la Mente, Filosofía Latinoamericana, Metafilosofía y, sobre todo, un tema bastante interesante como lo es el papel de la imaginación en el pensamiento filosófico. Y nos dijo desde el primer sábado, al presentarse a sí mismo, que la llamada Filosofía de la Acción busca, entre otras cosas, poner al alcance del ciudadano común, de cualquier persona, no sólo el estudio de la Filosofía, sino sus diversas aplicaciones; en la intención de, además de acabar con la equivocada creencia de que la misma es únicamente para inteligencias y personas excepcionales o muy alejadas de la realidad, a través de su estudio y su vivencia, hacerla útil y práctica en TODOS los aspectos de nuestra cotidiana realidad.

Los temas abordados cada sábado fueron distintos y variados, pero no desordenados; más bien guardaban una lógica secuencial: El Libre Albedrío, La Mente y el Cuerpo, La Existencia de dios –sí, dios, así con minúscula–, El Mundo Externo, y La Identidad Personal. Fue un delicioso banquete de reflexión, ideas, pensamientos e intercambio de opiniones no sólo del expositor, sino sobre todo de los asistentes. De hecho, el desarrollo del mismo, fiel a la filosofía que este practica, puso dicha disciplina al nivel de quienes asistimos, simples mortales que tan sólo aspiramos a ejercitar nuestra, a ratos, tan poco utilizada mente e imaginación. Es decir, la puso al alcance de la mano (o debería decir de la capacidad) de la variopinta concurrencia que sábado a sábado estuvimos presentes, ávidos de aprender cada vez más, y que iba desde simples jóvenes inquietos hasta adultos mayores, pasando por amas de casa, trabajadores, alguno que otro maestro, profesionistas de diversas disciplinas y casi ningún profesional de la materia.

Y esto es algo que quiero destacar de los concurrentes a dicho taller en primer lugar: lo común de los que asistimos al mismo. Recalco, no había, salvo dos o tres de los que ahí andábamos, profesionales del pensamiento; es decir, gente como usted o como yo, mis sibaríticos lectores; ciudadanos de a pie. Nada de poses, de palabras rebuscadas, de citas tomadas de autores con extraños nombres; sino más bien un intercambio de ideas, para, insisto, alejar a la filosofía del Olimpo en que algunos han querido situar a dicha ciencia. Y, además, destacar también la cantidad de asistentes al taller: en promedio, cada fin de semana, de 19:00 a 21:00 horas, asistimos un promedio de entre 90 y hasta cerca de 120 talleristas. Uno pensaría que la filosofía no es un tema que tenga mucho interés entre los saltillenses, pero ¡qué equivocado estaba! De hecho, el titular se comprometió a venir con mayor frecuencia a la ciudad –entiéndase cada 6 meses–, en la época de Navidad, si es posible, y durante el verano, a compartir conocimiento con quienes estemos interesados en discutir cualquier tema de interés general, como los ya mencionados. Sobra decir que tendrá asistencia garantizada, y quizá en un espacio mayor al del salón de conferencias de la librería Carlos Monsiváis, que fue la sede del evento.

La metodología de este fue sencilla: don Jesús exponía de manera muy didáctica auxiliándose con imágenes y desarrollando una guía que nos era dada al arranque de cada sesión; ocasionalmente daba la palabra para aclarar dudas.

¡Cuánta riqueza de capacidad y conocimiento hay en nuestra gente! ¡Cuánto interés en ser escuchados en temas tan simples, y precisamente por simples, profundos!

Mi ABSOLUTO y SIEMPRE reconocimiento para la Secretaría de Cultura, dirigida por Ana Sofía García Camil, que insiste en acercar de manera gratuita infinidad de temas culturales a la sociedad coahuilense; y particularmente al maestro Andrés Mendoza Salas, quien a pesar de ser él sí un profesional del pensamiento, busca que su estudio llegue también todo mundo con un sencillez en el manejo del tema que pasma.

No me extraña que haya sido “Gali” su alumno cuando niño, y ahora el maestro, discípulo de quién fue su pupilo en la práctica de la Filosofía de la Acción, para hacer realidad el dicho aquel que reza que, para ser buen maestro, es preciso que los alumnos te superen. De los temas abordados hablaré en otro momento, dado que cada uno de ellos seguro abarcaría más de una columna, y sólo me resta decir que ansío ya la llegada de cada ciclo vacacional para retroalimentar el cerebro, la mente y la imaginación, en un sano intercambio de ideas con mis coterráneos y dirigidos por el doctor Jesús Humberto Aguilar Esparza.
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