×
Cristina Orozco
Cristina Orozco
ver +

" Comentar Imprimir
21 Octubre 2017 04:08:00
Fiscal, pa luego es tarde
Esta semana, en la Ciudad de México, el procurador general de la República, Raúl Cervantes, al año de su nombramiento, renunció. Ahora hay un bateador designado. Pues, alegando un háganle como mejor les venga, dijo: “ya yo ya” agarró y se fue. En consecuencia, deja la puerta abierta al debate. Este se centra en escoger el momento oportuno para nombrar al que será el nuevo fiscal general de la República Mexicana, es decir, se debe decidir si la nominación se lleva a cabo antes o después de las elecciones de julio del 2018.

De nombrarlo ya mismo, existe el riesgo de que el Presidente sea criticado por los comunicólogos, los candidatos presidenciables y ciudadanos, pues alegarán que dejó un “fiscal a modo”, pero si lo eligen después de las elecciones, se arriesgan a que los empinen como cuello de botella, mientras los nuevos dueños del país sí la librarían, y a todo mecate, pues la designación es por 7 años, pero no todo es corrupción. Discurren, además, una utopía estilo Thomas Mann. Sugieren que deben elegirlo de inmediato, pues acelerará el fortalecimiento de las leyes y las instituciones con la recién ejecución del Sistema Penal Acusatorio; simplemente, no hay tiempo que perder. Además, concuerdan que las personas selectas como dirigentes ni hacen ni deshacen a las instituciones, estas son sólidas por sí mismas. Aquí es cuando pienso en el libro Ensayo sobre la Ceguera, de José Saramago.

Sin embargo, eso sucede allá, en la “capirucha” y uno “pos” acá en provincia, donde los guisos políticos tienen otros hervores. Mientras allá en la CDMX se cavila y se cavila, nos doran la tortilla de la resolución electoral, atienden lo que acontece, día con día, en sus vastos dominios del centralismo, en Coahuila, ese arroz del fiscal ya se coció. Sin dar tiempo a tan sesudas reflexiones, el pronto exgobernador, puso y dispuso a quien será el encargado de llevar la batuta en los asuntos judiciales por los próximos 7 años.

Poco se sabe del distinguido fiscal, excepto que fue delegado de la Procuraduría, hoy Fiscalía, y sin decir agua va, o agua viene, fue despedido hace poco menos de un año, como para darle tiempo a que pusiera en orden sus asuntos para enfrentar este momento, pero eso está en algún capítulo de los misterios políticos del Gobierno saliente. Por lo demás, el Congreso asegura que es un hombre digno y preparado para el cometido. Así que de eso ni hablar, a confiar, y si los utópicos capitalinos tienen razón, no habrá de qué apesadumbrarse. Todo está bajo control. Desde el 19 de octubre, Gerardo Márquez Guevara es el fiscal general en el estado de Coahuila.

Lo que sí podemos hacer es hablar de qué esperamos de él; la ingenuidad es mala compañía y dejando de lado las ideas utópicas y los sueños guajiros de los filósofos y políticos de la capital, no está de más señalar algunas de las rabias ciudadanas que, de resolverlas, le asegurarán aprobación y admiración. Como que en asuntos de justicia eso de nadar de muertito no es nada respetable. Sin más: se espera que concluya los expedientes rezagados; atienda lo concerniente a la “megadeuda”; se investigue la desviación del presupuesto público a través de las empresas fantasma orquestadas por María Esther Monsiváis; investigue a los alcaldes de Saltillo, Torreón y Monclova, quienes pretenden dejar deudas millonarias; desburocratice la institución; se conduzca con autonomía, y vaya que tendrá usted trabajo, pues desarticular bandas delincuenciales tanto dentro como fuera de las instituciones no será cosa fácil, sin embargo, sí es su responsabilidad.

Acá entre nos, usted está llegando y los que atan de manos ya se van, confiamos en que las instituciones sí las fortalecen sus líderes, principalmente, cuando se encaminan bajo un estricto código ético y cumplen con lo que manda la ley.

Ya está aquí, pa luego es tarde, no hay tiempo que perder.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2