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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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15 Marzo 2018 04:00:00
Físico singular
Nos dio lecciones de vida. ¿Cómo quejarnos de nuestros problemas cuando él logró tanto en circunstancias tan adversas?

Stephen Hawking buscó entender los hoyos negros a través de la física cuántica. Postuló un momento original en la historia cósmica con un punto de infinita densidad, una “singularidad” de la que habría partido la expansión del Universo. Primero pensó que los hoyos negros, por su enorme fuerza gravitacional, impedirían cualquier emisión de energía; pero después concluyó que debían permitir alguna, la “radiación de Hawking”, que haría que se debilitaran y finalmente desaparecieran.

Nunca recibió el Premio Nobel, quizá porque el comité suele escoger trabajos comprobados. Las ondas gravitacionales fueron postuladas originalmente por Albert Einstein en 1916, pero no fue por ellas que obtuvo el Nobel; sólo un siglo después las detectó el Observatorio de Interferometría Láser (LIGO) de Estados Unidos, lo cual le significó el premio a Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne en 2017. La radiación de Hawking, mientras tanto, es hasta hoy sólo un concepto inobservado.

El trabajo científico por sí solo no genera reconocimiento popular. Weiss, Barish y Thorne son desconocidos fuera del círculo de la física. Hawking trascendió por su labor como divulgador. Su Breve Historia del Tiempo ha vendido más de 10 millones de ejemplares, aunque se ha dicho que es el best-seller menos leído y menos entendido de la historia.

El salto a la fama fue consecuencia de su discapacidad y de su testaruda decisión de no dejarse vencer por ella. Cuando tenía 21 años se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, que lo fue paralizando hasta dejarlo casi totalmente inmóvil. Se le pronosticaron dos años de vida. Una traqueotomía posterior le quitó la voz. Al final, Hawking solamente controlaba el movimiento de un músculo debajo del ojo.

Su inteligencia, sin embargo, se mantuvo intacta. Con notable paciencia consiguió comunicarse primero a través de guiños y después por un sintetizador que traducía movimientos musculares en palabras. Esto le permitió seguir trabajando y escribiendo.

“Mi consejo a otras personas con discapacidad –le dijo al New York Times en 2011– es: Concéntrate en aquellas cosas que tu discapacidad no te impide hacer bien y no te preocupes de las cosas con las que interfiere. No te vuelvas un discapacitado de espíritu además de físico”. Defendía el derecho a la eutanasia, pero siempre luchó por vivir: “No importa lo mala que parezca la vida, siempre hay algo que puedas hacer y en lo que puedas tener éxito”.

Aunque muchos piensan que los discapacitados no deben tener vida amorosa, Hawking la tuvo intensa. Jane Wilde se casó con él en 1965 y luchó a su lado contra la enfermedad. Procrearon tres hijos. En 1990 se separaron para divorciarse cinco años después. Hawking había iniciado antes una relación con una enfermera, Elaine Mason, con quien contrajo matrimonio en 1995, pero de la que se divorció en 2006. Pese a su profundo conocimiento del Universo, decía que las mujeres eran “un misterio”.

Hawking fue el físico más famoso del mundo, superado sólo por Einstein. Su fallecimiento a los 76 años fue considerado por millones como una pérdida cercana. El biólogo Richard Dawkins de Oxford lo recordaba ayer con un poema de Wordsworth, dedicado originalmente a Newton, quien al igual que Hawking ocupó la Cátedra Lucasiana de matemáticas en Cambridge: “Rostro silencioso, el índice de mármol de una mente viajando por siempre en los mares extraños del pensamiento, solo”.
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