×
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
23 Abril 2017 04:03:00
Formato imposible
Un viaje de última hora me impidió asistir a la reunión convocada por Zócalo para escuchar y analizar el debate entre los candidatos al Gobierno de Coahuila el miércoles anterior, que seguí después en una grabación. Ya se han publicado multitud de opiniones sobre el encuentro de los aspirantes; pocas a favor del ejercicio organizado por el Instituto Electoral de Coahuila y un gran número de ellas enfocadas a las fallas técnicas y también a los deslices de la moderadora.

Tal insistencia en los defectos de la trasmisión y en la inexplicable impreparación de la moderadora es una mala noticia para el deseo de fortalecer nuestra vida democrática, pues la atención debió centrarse, al menos teóricamente, en las propuestas de los aspirantes que, en muchos casos, a juicio de los ciudadanos pasaron a un segundo plano.

El número de participantes –siete– restó, creo, interés al ejercicio. Ni la moderadora daba pie con bola a la hora de ceder el uso de la palabra a quien correspondía. Muy distintos, en cuanto a capacidad de atraer la atención de los ciudadanos, fueron los recientes encuentros entre los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump. Cuando solamente dos están en el ring, el choque es intenso y resulta más sencillo aquilatar las armas de cada uno de los contendientes.

El debate del miércoles no fue una pelea de box, sino una de esas luchas que en mi juventud llamaban, quién sabe por qué, de “relevos australianos”, en las cuales participaban hasta seis luchadores. Ya a la mitad de la refriega, solamente los muy expertos o de mejor memoria podían distinguir si el enmascarado de verde o el de rojo pertenecían al bando de los rudos o al de los técnicos.

Con siete participantes en el ring, cuyas intervencionesse alargan hasta el aburrimiento con el cambio de impresiones o las mutuas descalificaciones, se requerirían actores de primer orden o bellezas despampanantes para mantener más o menos atento al público. Con siete en la tribuna, cada una de las tres rondas de respuestas a una de las tres preguntas planteadas tardó 21 minutos, sin contar las intervenciones de la despistada moderadora. En total, cada uno de los siete sumó en esta etapa del debate una hora tres minutos ante el micrófono.

A esto deben sumarse tres rondas de dos minutos para réplicas. (Acotación al margen: alguien debería explicarles a varios candidatos el significado de la palabra réplica, pues los más se fueron por los cerros de Úbeda). Pero volvamos a la aritmética: cada ronda de supuestas réplicas, a dos minutos por cráneo, demandó un total de 14 minutos, que, multiplicados por tres dan la friolera de 42.

Sumando planteamientos y réplicas, los siete hablaron, en conjunto, una hora y 45 minutos. Agréguele usted media hora de la explicación de la conductora sobre el mecanismo acordado por los partidos y los candidatos para la celebración del debate, sus continuas llamadas de atención a los productores y la cansada repetición de la pregunta: “¿Deseas que te lea otra vez la pregunta?”. (¿No seríapráctico poner frente a los participantes un letrero con el tema de su intervención?). En fin, más de dos horas mal contadas.

En términos estrictamente cinematográficos, el debate del miércoles duró la mitad del tiempo que la película clásica ganadora de 10 Oscar Lo que el Viento se Llevó (259 minutos), aunque esta se exhibía con un intermedio y tenía dos atractivos importantes destinados a los caballeros, la bellísima Vivian Leigh y la no menos hermosa Olivia de Havilland, además de Clark Gable para disfrute de las pupilas femeninas.

Sin ser pesimista, se ve difícil que con ese formato y siete candidatos en escena se logre despertar y, lo que es más difícil, mantener, el interés del auditorio en el siguiente debate.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2