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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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16 Marzo 2014 04:00:12
Fox y su guerra ajena
El ex presidente Vicente Fox Quezada es un personaje tan pequeño de miras, tan pobre en argumentos, tan desprovisto de las herramientas propias de un político de altura o de un estadista, que reparar en que dice o hace (más allá del morbo o si existiera un personal gusto por las ligerezas) resulta una verdadera pérdida de tiempo.

Sin embargo hay que reconocer que en algunos sectores la campaña que realiza a favor de la legalización de la mariguana (y en los términos en que la hace) tiene algún impacto y por ello resulta ya no tan ocioso el advertir las graves fallas que se advierten en el discurso del guanajuatense, aunque sea para mantenerlo justo donde corresponde, en el cajón de los hombres decididos a convertirse en payasos.

Ante universitarios saltillenses dijo que el negocio de las drogas deja cada año 50 mil millones de dólares “que recogen los cárteles, el Gobierno nada” y que “estamos en una guerra que no es nuestra; estamos protegiendo a los jóvenes de Estados Unidos (para que no consuman) y Estados Unidos con su postura imperialista dice que hágase la guerra, pero fuera de su territorio y aquí estamos metidos en una guerra que no es nuestra”.

Bueno, pues en forma lineal es un discurso que podría describir el escenario mexicano, pero de hace más de15 años. Ciertamente -para utilizar una de las palabras preferidas de la más cara conquista de doña Martita-, hace poco más de 15 años México era básicamente un trampolín, y los cárteles no habían declarado la guerra a la sociedad mexicana. Las cosas cambiaron radicalmente a finales de la década de los 90 y eso parece ignorarlo el Chente de San Cristóbal.

Felipe Calderón cometió muchos y muy graves errores al precipitar una guerra con los cárteles. Lo hizo sin estructurar una estrategia para combatir el aspecto financiero, sin capacitar y depurar antes a los cuerpos policíacos, de una manera desorganizada, con poca inteligencia pero con abuso de fuerza y media docena más de torpezas que resultaron en un verdadero baño de sangre.

Sin embargo, el atacar a ese cáncer cada vez más extendió era necesario, ya que la delincuencia organizada pasó de una lógica de trasiego de drogas a una lucha de conquista territorial y de crear mercado. Ya había una guerra declarada de los delincuentes en contra de una sociedad expuesta a las drogas y la violencia.

No se trata de proteger a los jóvenes estadounidenses, ya que éstos no quieren ni necesitan ser protegidos por gobiernos extranjeros. Se trata de luchar contra una enfermedad social, política y económica que es la delincuencia organizada que tiene ya un amplio mercado de consumo interno y que mantiene su lógica de conquista territorial y eso no lo va a cambiar la eventual legalización de la mariguana.

Eso debería saberlo el ex presidente… pero bueno, es Chente Fox, el ranchero de San Cristóbal que sueña con ser el Patch Adams de los políticos.
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