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Verónica Martínez García
Verónica Martínez García
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10 Julio 2017 04:00:00
Frida Kahlo
Hablar de Frida es un reto muy difícil. No sólo porque hay que leer un poco de arte para poder referirte a la colección pictórica que heredó a la humanidad y que la llevó a convertirse en una de las figuras más importantes del arte mexicano a nivel mundial, sino también porque su personalidad fue sumamente controvertida.

Su apariencia siempre llamaba la atención al vestir textiles tradicionales mexicanos, peinados en trenza, y por supuesto, su característica ceja. Frida fue todo un personaje. Una mujer que gozó de influencia y poder, porque aprovechó perfectamente cada uno de sus espacios, y, logró trascender cultural y políticamente en el escenario social de nuestro país.

Como sabemos, ella fue esposa de Diego Rivera, uno de los más grandes y reconocidos muralistas de México, lo cual le dio una posición privilegiada para codearse con los pensadores y artistas más famosos y con mayor influencia de la época, pero con quien también sostuvo una turbulenta relación sobre la cual pintó alrededor de 200 obras, entre bosquejos, pinturas y dibujos.

Su matrimonio compartía el amor al arte, así como ideologías políticas que rayaron claramente en el activismo, ya que ambos apoyaron abiertamente a la izquierda y se vieron relacionados con figuras como Trotsky.

Frida siempre fue atrevida y supo explotar muy bien su imagen personal creándose una figura enigmática y difícil de entender. Nadie como ella, ha llevado con tanto orgullo el folklor de nuestra cultura en su ropa, sus gestos y conversaciones.

En lo pictórico, su originalidad y estilo surreal y expresionista destacan, pero sin lugar a dudas son sus elementos bibliográficos lo que más disfrutamos, pues de sus 151 pinturas, 55 son autorretratos. Ella decía que al estar sola tanto tiempo, era la persona que mejor conocía.

Su vida y trabajo se encuentran en un mismo cuadro, y es para nosotras las mujeres un gran símbolo de lucha y éxito, una artista mexicana que sin importar su género y todos los obstáculos que la vida le impuso, logró la trascendencia. En el mes de julio nació, y en el mes de julio partió, muy seguramente volando como las mariposas que pintaba en el yeso que durante años la sostuvo.
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