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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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30 Enero 2018 04:00:00
Fumarse un churro sin miedo
¿Quiere usted fumarse un churrito de mariguana, tranquilo y legal? Por ahora en nuestro país no puede, pero si dependiera de Enrique de la Madrid, secretario de Turismo, ya estaría usted haciendo las maletas para viajar a Cancún o a Los Cabos.

El jueves anterior planteó la idea de que si se legalizara el consumo de mariguana en los dos principales destinos turísticos de México, los estados de Baja California Sur y Quintana Roo, como una medida para combatir el aumento de la inseguridad en estas zonas, se combatiría la violencia, y afirma que la legalización ayudaría a rebajar los niveles de inseguridad, aun cuando sus argumentos son baladíes: para que el consumidor no vaya a la cárcel o no sea sujeto de extorsiones.

Y da la cómoda explicación de que es científicamente menos dañina que el alcohol o el tabaco. Se hizo tanto revuelo con sus declaraciones, que se vio obligado a decir que su propuesta era “una reflexión a título personal, basada en análisis y estudio del tema por muchos años”.

Pero aunque quiso pasarlas como de interés económico, si vienen de un actor político de primer nivel y se dan en tiempo de elecciones, se vuelven necesariamente políticas, armas de choque y consignas para la atracción o rechazo del voto de masas, o tal vez cebos para atraer la atención a un tema espinoso en la cual políticos, como ya sabe usted quien, puedan enredarse en declaraciones espontáneas que les pudieran perjudicar.

La discusión sobre las ventajas de la legalización de las drogas tendrá que resolverse en este siglo XXI, y tarde o temprano todos tendremos que tomar postura en este espinoso tema. Legalizar la producción, la distribución y el consumo de drogas será parte obligada de la agenda de gobierno de la próxima Presidencia de la República.

Pero no sólo la consigna política o el estatus jurídico intervendrán para valorar la idea de la legalización. Sin negarlo a priori se debe pensar desde diferentes perspectivas: la de salud pública, con sus costos y consecuencias, la de la transformación cultural de la sociedad, la de formación de la personalidad y la del papel que la ética debe desempeñar para explicarnos si es responsable o no apoyar o combatir estos nuevos conceptos, que por otra parte, más temprano que tarde se definirá socialmente.

Los elementos de reflexión deben incluir a la bioética y en este sentido un libro de Fernando Savater, llamado El Contenido de la Felicidad puede aportar elementos profundos al tema.

En uno de sus ensayos filosóficos, llamado Paradojas Éticas de la Salud, Savater dice: “Desde el ángulo meramente penal, la prohibición del uso de determinadas sustancias químicas que numerosas personas desean tomar es tan incompatible con una sociedad libre y plural como la prohibición de determinadas películas o determinados libros… la función de una sanidad realmente liberal sería velar por la calidad y precio de los productos puestos a la venta, así como informar lealmente sobre los posibles daños derivados de su abuso.

Estos (daños), asumidos libremente por quienes los conocieran, nunca serían mayores que los estragos producidos hoy por la adulteración de los fármacos prohibidos, la delincuencia generada por su tráfico y (su) altísimo coste… por lo demás… no es cuestión gubernamental inmiscuirse en lo que las personas llevan en su estómago o su sangre, lo mismo que no le corresponde intervenir contra las ideas que llevan en sus cabezas”.

Aunque la idea es poderosa, el temor es que el consumo legal de esa droga puede llegar a superar en la vida cotidiana al alcohol, precisamente porque el estado que provoca no es tan evidente e incapacitante, pero es potencialmente adictivo y posibilita el paso a drogas de mayor efecto.

Muchos de nuestros muchachos y muchachas se incapacitarán y oscurecerán un futuro que de otra manera sería luminoso, porque la impresión social sobre la mariguana implica su baja toxicidad y su “origen natural”, además de que su consumo empieza en la adolescencia, etapa de la evolución humana de la más alta posibilidad de construir una adicción que después será muy difícil de resolver, puesto que la lucha contra las drogas no ha llegado a la elaboración de políticas públicas de salud para el tratamiento de adicciones, quedándose su principal combate al tráfico de estupefacientes. Si en algo tenía razón Enrique de la Madrid es en que este tema debe entrar, de urgencia, a la agenda política de todos los aspirantes a la Presidencia.
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