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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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25 Enero 2017 03:00:00
Gasolina y cacerolas
Miles de coahuilenses han salido a las calles desde el 1 de enero y se han manifestado frente al Palacio de Gobierno, el Congreso local, la Presidencia de Torreón y otros edificios públicos (la Recaudación de Rentas de Torreón fue tomada el día 5). No celebran el fin del Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos, promesa de campaña de Rubén Moreira cumplida cinco años tarde, pero convenientemente cinco meses antes de las elecciones para gobernador, alcaldes y diputados del 4 de junio. El motivo es otro: protestar contra el gasolinazo y elevar el tono de un clamor creciente en el estado: “¡Fuera los Moreira!”.

Si el malestar se traslada a las urnas, Coahuila estrenará alternancia por primera vez en 88 años. El voto duro del PRI tiene un techo cada vez más bajo. No hay estructura ni dinero capaz de reprimir el sufragio libre de una sociedad indignada por los excesos del poder, la corrupción, la partidocracia y la impunidad. El gasolinazo, los aumentos al gas y la electricidad, la ausencia de gobierno, la respuesta tardía e insustancial de Peña Nieto frente a la indignación social y el nombramiento de Luis Videgaray –responsable de la crisis como secretario de Hacienda– en Relaciones Exteriores, exacerbaron el ánimo social contra el Presidente y su partido.

Incluso en el PRI surgieron voces críticas por la insensibilidad del Gobierno y la pésima conducción política y económica del país. Claudia Pavlovich, gobernadora de Sonora y cercana al exlíder priista Manlio Fabio Beltrones; Aristóteles Sandoval, gobernador de Jalisco, y el senador Patricio Martínez, se pusieron del lado de la población y repudiaron los desmesurados incrementos en los precios y tarifas de Pemex y la CFE.

Rubén Moreira organizó cacerolazos, cuando fue líder del PRI, por los aumentos mensuales a los combustibles –leves, comparados con el gasolinazo de Peña Nieto–, con consignas como: “Calderón, bájale a los huevos y a la gasolina”. “Eso es destruir a un país, por eso estamos indignados”, azuzaba Moreira en la marcha del 13 de febrero de 2010 (El Universal). Su hermano Humberto ocupaba entonces la Gubernatura. Esta vez guardó silencio, pero anunció un paquete de estímulos y reducción de impuestos.

En las protestas de Saltillo, convocadas por organizaciones civiles a través de las redes sociales, se hicieron reproches al gobernador por esa falta de congruencia. “¡La cacerola, Rubén! ¿Dónde está la cacerola?”, “Así como dijo el gobernador que si había gasolinazo iba a hacer cacerolazo, queremos ver dónde está ahora el gobernador”, exclamaron manifestantes frente al Palacio de Gobierno, donde el próximo 1 de diciembre empezará a despachar otro gobernador. No priista, apuntan las encuestas. Podría ser del PAN. De los candidatos independientes, Javier Guerrero es la opción.

El PRI reaccionó por el gasolinazo a través del Congreso local, con un llamado a Pemex y al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, para “reconsiderar” el alza a los combustibles. El presidente Peña respondió por ellos: “la medida era necesaria”. Para el diputado Shamir Fernández, uno de los nuevos millonarios del PRI –en la legislatura antepasada, el lagunero legalizó la megadeuda, contraída por el gobierno de Humberto Moreira a espaldas del Congreso–, las protestas por el gasolinazo son “oportunistas”, y el boquete por la deuda, superior a los 36 mil millones, sólo se utiliza “con fines políticos”. ¿Así pretende el PRI ganar las elecciones?
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