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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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23 Marzo 2018 04:00:00
Gasto y pobreza
No es por falta de dinero. En 2017 el Gobierno federal gastó 875 mil 477.2 millones de pesos en programas de desarrollo social. Es un aumento de 24.9% sobre los 700 mil 945 millones de pesos del 2010.

La cantidad de programas y acciones de desarrollo social es abrumadora. “Entre 2010 y 2017 –señala el Coneval en su Informe de Evaluación de la Política Social de Desarrollo Social 2018– se identificaron 6 mil 488 programas y acciones de desarrollo social en todo el país; de los cuales 149 eran federales, 2 mil 528 estatales y 3 mil 811 municipales”.

El incremento del gasto social no ha estado acompañado de una disminución en el número de pobres, sino más bien de un aumento, ligero, pero aumento. En 2010 el número de pobres era de 52.8 millones; para 2016, último año que cita Coneval, la cifra había crecido a 53.4 millones. No todas las cifras son malas. El número de personas en pobreza extrema ha caído, de 13 millones en 2010 a 9.4 millones en 2016. Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval, atribuye esta reducción a algunos de los programas sociales. La pobreza extrema, sin embargo, se sigue concentrando en las entidades que más recursos de programas de asistencia social han recibido: Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

Chiapas ha recibido más recursos federales para combatir la pobreza que cualquiera, por lo menos desde 1994 cuando el Gobierno consideró que la forma de debilitar el movimiento zapatista era inyectarle dinero a la entidad. Sin embargo, la pobreza general en Chiapas, que alcanzaba a 78.5% de la población en 2010, había bajado apenas a 77.1% en 2016. La pobreza extrema, en cambio, sí tuvo un descenso marcado en el periodo, al pasar de 38.3 a 28.1 por ciento.

Las cifras sugieren que la pobreza extrema se puede reducir, por lo menos en un principio, con programas sociales. La pobreza general, sin embargo, es un problema distinto. La razón es que para reducir la pobreza general se requiere inversión productiva y actividad económica, y nuestro país no ha crecido lo suficiente en las últimas décadas.

Una pregunta importante es si los programas sociales que tenemos son los más adecuados para derrotar a la pobreza. Si los 875 mil 477.2 millones de pesos que se gastaron en programas sociales en 2017 simplemente se hubieran repartido entre los 9.4 millones de pobres extremos de 2016, cada uno habría recibido 93 mil 135.87 pesos. Una familia de cinco obtendría, de hecho, 465 mil 679.36 pesos. Cuando Ricardo Anaya, el candidato presidencial, promete un ingreso básico universal, lo que está diciendo es que si, en vez de tener 6 mil 488 programas sociales tuviéramos uno solo en el que se entregara el dinero directamente a todos los mexicanos, podríamos ser más eficientes en la lucha contra la pobreza.

Es difícil saber, sin embargo, si esto funcionaría. El país, de hecho, podría perder el incentivo de trabajar si todos recibiéramos una cantidad garantizada simplemente por nacer mexicanos. Al final, alguien tiene que trabajar para mantener a los demás. Lo que sí es claro es que la pobreza es el principal problema de nuestro país. El Gobierno siempre ha justificado su gasto social con el argumento de que lo ejerce para combatir la pobreza. Algún avance se ha logrado en los últimos años al disminuir la pobreza extrema. Pero para realmente rescatar al país de la pobreza necesitamos algo más. En vez de combatir la pobreza, tendríamos que aprender a generar riqueza.

BUSCANDO PLEITO

Donald Trump sigue buscando pleito. Ayer anunció la imposición de fuertes aranceles a productos chinos. El resultado fue un desplome de las acciones en las bolsas estadunidenses. Empresas como Boeing y Caterpillar, con fuertes exportaciones a China, se desplomaron ante la inminencia de una guerra comercial.
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